Perspectivas para el segundo semestre de 2026

Sun setting behind the silhouette of electricity pylons

La economía ecuatoriana llega a la segunda mitad de 2026 con señales favorables, pero también con riesgos que podrían condicionar su recuperación. El Banco Central del Ecuador (BCE) revisó al alza su previsión de crecimiento para este año, de 2,5% a 2,7%, apoyada principalmente en el consumo de los hogares, la inversión y las exportaciones. A esto se suma una expansión del crédito, mayores ingresos fiscales y una posición externa superavitaria, que configuran un escenario base más favorable que el previsto al inicio del año.

Sin embargo, el panorama para los próximos meses está marcado por incertidumbre. El Fenómeno de El Niño (FEN) podría afectar la producción e infraestructura, además de deteriorar la capacidad de pago de hogares y empresas en las zonas más expuestas y trasladar parte del impacto hacia el sistema financiero. Al mismo tiempo, el inicio del estiaje y la reducción del nivel del embalse de Mazar vuelven a colocar al abastecimiento eléctrico en el foco de atención, en un contexto de menor disponibilidad de electricidad importada desde Colombia.

A estas presiones se suma el frente fiscal. Entre enero y julio de 2026, el resultado global del Presupuesto General del Estado (PGE) registró un déficit de USD 250 millones, frente a un resultado deficitario de USD 1.908 millones en el mismo periodo del año anterior. No obstante, los próximos meses podrían demandar mayores recursos para atender los efectos del FEN y reducir los riesgos del sistema eléctrico, mientras el país debe mantener la trayectoria fiscal contemplada en su programa con el FMI. A su vez, una parte de la mejora de los ingresos ha estado respaldada por los mayores precios del petróleo, introduciendo otra fuente de incertidumbre ante una corrección del WTI.

Deuda interna y crédito

La economía ecuatoriana mantendría una trayectoria de crecimiento durante lo que resta de 2026. La actualización de la Programación Macroeconómica del BCE elevó la previsión de crecimiento del PIB de 2,5% a 2,7% para este año, mientras que para 2027 se espera una expansión de 2,5%. El escenario se sustenta principalmente en el fortalecimiento de la demanda interna: el consumo de los hogares crecería 3,3% y la formación bruta de capital fijo, 5,8%.

En la actualización de la Programación Macroeconómica 2026-2030, el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo (MDEP) señala que, en el mediano plazo, el consumo de los hogares irá ganando importancia como motor de la actividad, mientras que la inversión y las exportaciones tendrán una contribución más moderada. Este escenario supone, además, la continuidad del proceso de consolidación fiscal y condiciones externas compatibles con la diversificación de las exportaciones.

En este contexto, el crédito adquiere un papel relevante para sostener el consumo y la actividad productiva. Entre enero y julio de 2026, las operaciones activas de la banca privada alcanzaron USD 24.804 millones, un crecimiento interanual de 8,5%, mientras que el número de operaciones aumentó 4,7%, hasta superar los 5 millones. Los créditos de consumo y productivo fueron los segmentos que más contribuyeron al incremento del monto colocado, con aportes de 3,5 y 3,1 puntos porcentuales, respectivamente.

Las perspectivas apuntan a que este dinamismo continuará durante el segundo semestre. El MDEP prevé que el crédito al sector privado crezca 10,9% en 2026, acompañado por un incremento de 11,5% de las captaciones. Además, la Encuesta de Oferta y Demanda de Crédito del BCE anticipa para el tercer trimestre un aumento de las nuevas solicitudes de financiamiento y condiciones crediticias más flexibles.

Este escenario, sin embargo, está expuesto a factores que podrían modificar tanto el ritmo de crecimiento como la capacidad de pago de hogares y empresas. Entre ellos destaca el Fenómeno de El Niño, cuyos potenciales efectos sobre la actividad económica constituyen uno de los principales elementos de incertidumbre.

Alerta Roja

El Fenómeno de El Niño añade un factor de incertidumbre para la economía ecuatoriana, con efectos que podrían concentrarse de forma principal en 2027. Al 4 de septiembre, el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN) reportó anomalías de la temperatura superficial del mar de alrededor de +4,1 °C en la región Niño 1+2, cercana a las costas de Ecuador y Perú, y de +2,5 °C en Niño 3.4, señalando que el evento se encontraba en proceso de fortalecimiento.

Las perspectivas apuntan, además, a que estas condiciones se mantendrían durante los próximos meses. La Organización Meteorológica Mundial estima una probabilidad mayor al 90% de que el evento persista hasta febrero de 2027, mientras que en la región Niño 1+2 se prevé que las condiciones cálidas continúen siendo muy intensas. Para septiembre, el INAMHI proyecta precipitaciones entre normales y sobre lo normal en el Litoral y perfil costero, y sobre lo normal en la región Insular.

El BCE incorporó en su programación de septiembre escenarios específicos para dimensionar este riesgo. Frente a una expansión base de 2,5% en 2027, un FEN moderado reduciría el crecimiento en 0,5 p.p., mientras que un evento fuerte restaría 1,4 p.p., hasta alrededor de 1,1%. El mayor impacto se produciría a través de las exportaciones, que caerían 0,8 p.p. en el escenario moderado y 2,3 p.p. en el fuerte.

A su vez, las afectaciones a viviendas, cultivos, infraestructura y negocios pueden deteriorar los ingresos y la capacidad de pago, trasladando parte del shock climático hacia la calidad de la cartera de crédito. No obstante, la banca privada enfrenta este escenario desde una posición sólida. A agosto de 2026, la morosidad se ubicó en 3,09%, mientras la cobertura de la cartera improductiva alcanzó 211,17%, con provisiones equivalentes a más de dos veces la cartera en mora. A su vez, la solvencia se situó en 13,38%, por encima del mínimo regulatorio. En conjunto, estos indicadores reflejan una capacidad adecuada para absorber un eventual deterioro de la cartera derivado de las afectaciones económicas asociadas al FEN.

Suministro de electricidad en alerta

El suministro eléctrico constituye uno de los principales riesgos durante el cierre de 2026, especialmente en el período de estiaje, cuando la reducción de los caudales disminuye la generación hidroeléctrica y obliga a recurrir con mayor intensidad al parque termoeléctrico y a las importaciones de electricidad. Durante 2025, las hidroeléctricas representaron el 73,6% del total de generación eléctrica, mientras la generación térmica aportó 24,7%. En 2024, cuando el país registró racionamientos de hasta 14 horas diarias, estas participaciones fueron de 65,8% y 32,0%, respectivamente.

Las primeras semanas del estiaje muestran un deterioro de las condiciones hídricas. Al 15 de septiembre, la cota del embalse de Mazar se ubicó en 2.139,41 metros sobre el nivel del mar, 7,62 metros menos que al inicio del mes, aunque todavía 24,41 metros por encima de la cota crítica de 2.115 metros, a partir de la cual su operación comienza a verse comprometida. El embalse alimenta al Complejo Paute Integral, cuyas centrales Mazar, Paute-Molino y Sopladora suman 1.730 MW de potencia instalada y representaron el 24% de la producción eléctrica nacional en lo que va de 2026.

Una alternativa para compensar una menor generación nacional es la importación de electricidad desde Colombia. Sin embargo, desde el 7 de septiembre, Colombia endureció las condiciones para exportar electricidad, estableciendo que la energía hidroeléctrica solo se venderá cuando exista un excedente después de abastecer su demanda interna. El desarrollo del FEN podría afectar simultáneamente las condiciones hidrológicas colombianas y reducir la disponibilidad de excedentes durante los meses en los que Ecuador más los necesitaría.

La presión también proviene de una demanda eléctrica creciente. Entre enero y julio, la facturación total de electricidad aumentó, en promedio, 10% anual respecto a los mismos meses de 2025, equivalente a un aproximado de 226 GWh adicionales por mes. En este contexto, nuevos racionamientos podrían interrumpir jornadas productivas, elevar los costos de las empresas que recurran a generación propia y afectar ventas, producción e inversión, introduciendo un riesgo adicional sobre el escenario oficial de crecimiento.

Presiones fiscales

Las cuentas fiscales muestran una mejora durante 2026. Entre enero y julio, el PGE registró un déficit global de USD 250 millones, frente a un déficit de USD 1.908 millones en igual período de 2025. El resultado primario no petrolero alcanzó un saldo positivo de USD 1.078 millones, frente a un déficit de USD 189 millones un año atrás. Los ingresos tributarios aumentaron 11,2% interanual, generando USD 1.144 millones adicionales, mientras los ingresos petroleros llegaron a USD 1.600 millones y crecieron 98,1%.

Por su parte, las erogaciones totales del PGE aumentaron 8,8%, hasta USD 16.849 millones, mientras los sueldos y salarios disminuyeron 1,5% y la inversión en activos no financieros creció 76,6%. En paralelo, la quinta revisión del programa con el FMI estableció para diciembre de 2026 un piso de -USD 3.090 millones para el resultado global acumulado del PGE y de  -USD 1.754 millones para el resultado primario no petrolero.

La preparación y respuesta ante el FEN y el riesgo de racionamientos eléctricos pueden requerir recursos adicionales para prevención, infraestructura, generación e importación de electricidad. A estas necesidades se suma el período electoral para las elecciones seccionales y CPCCS, que introduce el riesgo de que nuevas presiones de gasto vinculadas al ciclo electoral compitan por recursos para atender estos frentes.

A estas presiones se añade la evolución del petróleo. El 10 de septiembre, el WTI volvió a cerrar por encima de USD 100 por barril, después de más de tres meses por debajo de ese nivel. Para Ecuador, mayores precios elevan los ingresos por exportaciones de crudo, pero también encarecen los derivados importados, los subsidios y potencialmente los costos de producción, transporte y logística. En este contexto, una eventual reducción de los ingresos, junto con mayores necesidades de gasto, podría disminuir el espacio disponible para cumplir las metas con el FMI y mantener la trayectoria de consolidación fiscal orientada a preservar la sostenibilidad de la deuda pública en el mediano plazo.

 

Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca)