Las ventas del sector privado apalancan la recuperación

Las ventas del sector privado apalancan la recuperación

Autores: Adriana Santillán y Juan Sebastián Vela. Departamento Económico Asobanca  

La pandemia global del COVID-19 provocó una crisis de salud pública sin precedentes que paralizó a la economía mundial. Sus efectos fueron devastadores no solo en términos de salud, reducciones en el ingreso o desempleo, sino que a nivel empresarial, se generaron disrupciones en la producción de bienes y servicios que afectaron directamente las operaciones y por ende, el nivel de ventas. Estos efectos se percibieron en todos los sectores de la economía ya que es complicado mantener la salud de un solo sector, si el resto de las actividades se encuentran afectadas.

De acuerdo con datos del Servicio de Rentas Internas (SRI), en 2019 el total de ventas y exportaciones del sector privado fue de USD 130.392 millones, mientras que para el año 2020 esta cifra descendió a USD 113.645 millones, lo que significa una disminución anual del -12,8%. Dado que el shock fue generalizado, la mayoría de las actividades económicas sufrieron una disminución en sus ventas en 2020. Tal es el caso de la construcción, sector que tuvo un nivel de ventas 31,5% inferior al de 2019.  Lo mismo ocurre con el comercio, la agricultura, las actividades financieras y de seguros y la enseñanza, las mismas que al 2020, poseen una tasa de variación anual en ventas del -12,4, -5,3%, -5,7% y -17,2%, respectivamente (Gráfico 1).

La caída de las ventas provoca consecuencias negativas en la rentabilidad de las empresas. Al no poder vender se reducen los ingresos y se afecta todo el negocio. La rentabilidad constituye un termómetro de la salud de las empresas. Así, una mayor rentabilidad significa que estas han sabido aprovechar sus recursos de una manera eficiente para generar ganancias, lo que a su vez se traduce en mayor inversión para entregar bienes y servicios y más fuentes de empleo. De tal modo, además de medir el beneficio derivado de la inversión de una empresa, la rentabilidad tiene que ver con la utilidad generada para la sociedad en general, no únicamente en términos económicos, sino que también en bienestar, calidad de vida, entre otros (Rogobete, A. 2021).

Al tomar el indicador de rendimiento sobre el patrimonio (ROE), se compara la rentabilidad entre diferentes empresas o sectores económicos (Medina y Mauricci, 2014). Es decir, mientras mayor sea este indicador, mayor será la capacidad que una empresa posee para generar utilidades con relación a sus recursos.

En el Gráfico 2 se observa la rentabilidad de las principales actividades económicas para el año 2019 y 2020[1]. Las actividades que presentan mayor afectación en el ROE 2020 en comparación con el de 2019 son: actividades profesionales con 25,3 puntos porcentuales (p.p.) de reducción; transporte y almacenamiento con una caída de 14,2 p.p; y banca privada con una reducción de 9,1 p.p.  

En el caso del sistema bancario ecuatoriano, en 2019 alcanzó un ROE de 13,9%, por debajo del promedio de América Latina según los datos de la Federación Latinoamericana de Bancos. Sin embargo, para el año 2020, este indicador fue de 4,8% lo cual evidencia la fuerte afectación tras la crisis sanitaria. Lo mismo sucede en el caso de las cooperativas de ahorro y crédito y las mutualistas, las cuales presenciaron en 2019 un ROE de 8,1% y 5,9%, respectivamente, pero para el 2020 estas cifras fueron de 3,6% y 1,4%. En conjunto, el sector financiero tuvo una afectación importante por la necesidad de hacer mayores provisiones dada la posibilidad de incurrir en mayor cartera vencida por falta de pagos, brindar atención ininterrumpida y asegurar que los canales de transaccionalidad se mantengan operativos y seguros.

En la época previa a la pandemia, las industrias en Ecuador con los mayores niveles de rentabilidad fueron: transporte y almacenamiento (ROE del 36,2%); actividades profesionales (ROE del 31,6%); y explotación de minas y canteras (ROE del 17,3%), según los datos reportados por las empresas a la Superintendencia de Compañías. Mientras que para el cierre del 2020, estas actividades fueron: transporte y almacenamiento; enseñanza; y explotación de minas y canteras, con un ROE de 22,0%, 12,8%, y 11,5%, respectivamente. Esto significa, por ejemplo, en 2019, por cada dólar de capital o patrimonio que una empresa de transporte o almacenamiento invirtió, ganó 0,36 centavos de utilidad.

La caída en las ventas y por tanto, el golpe ocasionado en la rentabilidad de los distintos sectores económicos, limitan la capacidad de generación de aportes al Estado mediante impuestos. Según el SRI, en 2020 la recaudación tributaria efectiva fue de USD 11.748 millones, mientras que en el año 2019, esta cifra fue de USD 13.480 millones, lo que representa una disminución del 12,9%, corroborando la desaceleración económica.

En el Gráfico 3 se observa la participación de las diferentes actividades económicas en la recaudación tributaria total. La actividad que más contribuye a la recaudación de impuestos es el comercio al por mayor y menor (30%), seguida de las actividades financieras y de seguros (18%) y la explotación de minas y canteras (5%).

Al realizar un análisis más minucioso de las actividades financieras y de seguros (mismas que representan el 18% de la recaudación total a diciembre de 2020), se observa que, de estas, el sistema bancario, cooperativo y de mutualistas, representan el 87% de la recaudación total a diciembre de 2020 (Gráfico 4).

Asimismo, la recaudación del impuesto a la renta presenció una caída. En 2019, esta cifra sumó USD 4.769 millones, mientras que en 2020 descendió a USD 4.406 millones, con un decrecimiento del 7,6%. En el Gráfico 5, se plasma lo recaudado en impuesto a la renta en relación con la utilidad neta obtenida de las principales actividades económicas.

Las actividades que más contribuyeron en la recaudación del impuesto a la renta con respecto a su utilidad neta en 2019 fueron mutualistas; cooperativas; comercio y construcción. Mientras que, para el año 2020, estas actividades fueron mutualistas; enseñanza; cooperativas y bancos privados.

La magnitud desproporcionada de la pandemia afectó a todas las actividades económicas del Ecuador, dejando secuelas en sus operaciones, niveles de ventas y, por ende, la rentabilidad y su posibilidad de aportar con mayores impuestos. La recuperación económica depende en gran medida de la capacidad de las empresas de volver a generar ventas y una adecuada rentabilidad, lo cual no solo es bueno para la salud de los negocios, sino para toda la economía en su conjunto ya que esto se traduce en más empleos, mayor consumo, más aportes mediante impuestos y finalmente, dinamización económica que encaminará al país a la recuperación sostenida. Resulta imprescindible entonces, reconocer la importancia de todas las actividades que conforman la economía ecuatoriana, pues así, los resultados positivos de cada una de estas generarán bienestar a la sociedad en general. 

Referencias:

Servicio de Rentas Internas (2021). Consulta en Saikua 7 de octubre de 2021

Federación Latinoamericana de Bancos (2020)

Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros (2021), Consulta de balances de compañías 5 de octubre de 2021

 Superintendencia de Bancos (2021)

Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (2021)

Medina, C., & Mauricci, G. (2014). Factores que influyen en la rentabilidad por línea de negocio en la clínica Sanchez Ferrer en el periodo 2009-2013. Universidad Privada Antenor Orrego. Retrieved from http://repositorio.upao.edu.pe/bitstream/upaorep/325/1/MEDINA_CARLOS_FACTORES_RENTABILIDAD_NEGOCIO.pdf

Rogobete, A. (2021). Ethical business is good for society and for profit. Recuperado de: https://theceme.org/andrei-rogobete-ethical-business-is-good-for-society-and-for-profit/


[1] El ROE se calcula como la utilidad neta sobre el patrimonio para las empresas reportadas a SUPERCIAS así como para las entidades financieras. Cálculo: autores.

¿Por qué la gente está dispuesta a pagar 1.238% de interés al chulco? Hay una pieza que no está funcionando bien

¿Por qué la gente está dispuesta a pagar 1.238% de interés al chulco? Hay una pieza que no está funcionando bien

Hace un par de años viví en un popular barrio de Guayaquil, tenía una vecina a la que llamaré Lucy.

Lucy era madre soltera y aunque tres de sus hijos ya eran mayores de edad y trabajaban, ella todavía tenía alguien a quien cuidar: Juan Carlos, su hijo con una discapacidad física y mental, que parecía un niño pequeño, aunque tenía unos 30 años.

Su sustento era hacer recorridos escolares y vender maquillaje por catálogo, pero no bastaba. Una pareja solía visitar su puerta en una moto cada cierto tiempo, esa era su salida para completar las cuentas: el chulco.

Ya estamos acostumbrados a casos como este, a leer testimoniales en los medios, a ver páginas en redes sociales o panfletos en los postes de las calles, ofreciendo “préstamos fáciles y baratos”.

¿En realidad son préstamos baratos?

Quienes piden dinero al chulco terminan pagando solo en intereses un monto incluso mayor al capital que recibieron como préstamo. Y no solo eso, además deben pagar a diario la deuda. Una crónica de El Comercio relataba en marzo pasado la historia de una comerciante de 78 años, en Quito, que a diario vendía alrededor de USD 10 en verduras, de los cuales debía destinar USD 3 para pagar su deuda con un chulquero. Al chulquero también lo entrevistaron en la crónica, el hombre describía su negocio como “un servicio social”.

Un reciente estudio realizado por el analista económico David Castellanos, en colaboración con el buró de crédito Equifax, pone en números las historias como las de Lucy y la aquella mujer de 78 años que vende verduras.

 El estudio señala que el 53% de quienes han caído en manos del chulco en las principales ciudades del Ecuador son mujeres y también menciona que la tasa de interés promedio diario que cobran los chulqueros es 3,44%, lo que se traduce en un interés de  1.238% al año. Cuatro de cada diez entrevistados dijo que usaba el dinero para comprar mercadería.

Por ejemplo, si un comerciante necesita USD 230 para comprar mercadería a un plazo de 30 días, termina pagando USD 237 en intereses. Al final, esta persona tuvo que pagar USD 467 al chulquero.

Es urgente ir al fondo de un asunto. Y hay que hacerlo como cuando un aparato del hogar tiene un ruido raro que viene de adentro, algo no anda bien, pero no sabemos qué es. Entonces un técnico lo abre, lo revisa por dentro y encuentra que hay una pieza que está estropeando el funcionamiento del aparato.

Para el caso del acceso al crédito, una de las piezas que no está funcionando bien es la tasa de interés. Desde el año 2007 en Ecuador se implementaron techos o topes máximos a las tasas de interés que pueden cobrar las entidades del sector financiero formal, con la intención de ayudar a que más personas accedan a créditos formales con ‘tasas bajas’. Pero la realidad es que en Ecuador, igual que en otros países dónde se han aplicado controles, como en Chile, Bolivia y Japón, esta fórmula ha generado que más personas se queden sin acceso a crédito formal.

¿Y qué tienen que ver estos controles a la tasa de interés en el sector formal con el chulco?

Estas tres claves lo resumen de manera sencilla:

  • Los bancos deben incurrir en mayores costos para ofrecer crédito a los segmentos de la población que representan una mayor prima de riesgo (aquellas personas que representan más riesgo de caer en mora y no pagar la deuda). Cuando la tasa es impuesta por un Gobierno o por decreto, o tiene controles, esta no refleja el costo real de dar un crédito a estos segmentos, y por ende, los bancos no pueden ofrecer los préstamos a estas personas. Sencillamente la tasa no cubre el riesgo que implica prestar ese dinero.
  • Debido a que el dinero que está en los bancos pertenece a los clientes (en eso consiste el negocio del banco), la mayor prioridad es cuidarlo; por ello estas entidades deben ser prudentes otorgando créditos para no poner en riesgo el dinero de sus depositantes. 
  • Dado que la población de mayor riesgo queda fuera del acceso a un crédito formal y debidamente regulado, busca fuentes de financiamiento informales y peligrosas y termina pagando intereses de más del 1.000%.

Bajar las tasas de interés por ley o por decreto sin tomar en cuenta estos aspectos no ayudará a fomentar el acceso al crédito para más personas que lo necesitan, por el contrario, haría más complejo cubrir a aquellos sectores de más riesgo, como lo demuestran estadísticas internacionales que ubican al Ecuador entre los países con más bajos niveles de inclusión financiera en la región.

Para que la economía de todos los ecuatorianos se dinamice, lo ideal es que se puedan entregar préstamos a tasas de interés que se ajusten de la mejor manera al perfil de cada cliente, que es lo más adecuado desde el punto de vista técnico: Se cobra menos interés a aquel cliente que ha mostrado un mejor comportamiento en el pago de sus deudas y se cobra más a aquellos que tienen un perfil de más riesgo de caer en mora, pero no se lo excluye. En un mes en el que se espera conocer la nueva metodología para fijar las tasas de interés del crédito, que deberá presentar hasta el 30 de agosto el Banco Central del Ecuador, es clave tener en cuenta la realidad completa y recordar que es clave el buen funcionamiento de esta pieza.

El rol de la banca ecuatoriana durante la pandemia: desde lo importante hasta lo indispensable

El rol de la banca ecuatoriana durante la pandemia: desde lo importante hasta lo indispensable

-¡Juguemos al banquito!

– Tú eres la clienta ¿ya? Y yo soy la que trabaja en el banco.

Tomamos los billetes de nuestro juego de mesa (que era una buena imitación de Monopolio) y comenzamos. La una agarraba el bolso de mamá y se ponía sus tacos para entrar al banquito y la otra se hacía cargo del banquito. El banquito en ese entonces era la mesa de comedor sobre la que habíamos colocado los billetitos ordenados por denominación y unos papeles recortados para fungir como cheques.

Días de infancia y juegos con mi hermana. Era tan sencillo y divertido, pero hoy sabemos que en la vida real la labor de un banco no es un juego.

El rol de la banca es clave en la economía ecuatoriana y para las economías de todo el mundo. Los bancos tienen la labor de la intermediación financiera; es decir, son un puente que conecta a aquellas personas que tienen recursos disponibles con aquellas personas a quienes les faltan recursos y necesitan que alguien se los preste. Así, la banca paga un valor (tasa de interés pasiva) a quien deposita su dinero y cobra un valor (tasa de interés activa) a quien recibe ese dinero a través de un crédito.

Sin esta labor las economías serían más pequeñas. Cuántas empresas no hubieran podido tener recursos para comprar más maquinaria o insumos y hacer crecer sus negocios; cuántas familias no hubieran podido comprar casas…

¡Ni qué decir de la labor de resguardar el dinero! ¿Se imagina tener que andar a todos lados con todo su dinero arriesgándose a robos y pérdidas?

Pero no solo eso, los bancos también son importantes en nuestra economía porque facilitan la dinámica de pagos a través de servicios como las tarjetas de débito, las tarjetas de crédito, las transferencias bancarias e interbancarias, billeteras móviles, entre otros servicios.

En los días más duros de confinamiento y restricciones por la emergencia sanitaria en Ecuador durante 2020, el Gobierno identificó a aquellas industrias esenciales que no podían dejar de trabajar pese al voraz avance del nuevo coronavirus. Ahí estaba la industria alimenticia, la de la salud y las entidades financieras.

¿Qué hubiera pasado si los bancos paraban en ese escenario?

Para tranquilidad de casi 7 millones de clientes los bancos no pararon e hicieron su trabajo.

En cuanto a su rol de intermediación, otorgaron nuevos créditos por USD 31.334 millones desde marzo 2020, cuando comenzó la pandemia, hasta junio, de acuerdo con los últimos reportes del Banco Central del Ecuador. El 72% de ese monto fue para el sector productivo y 28% para el consumo.

En agosto de 2021, además, la cartera de crédito cumplió 12 meses consecutivos de crecimiento.

Y en cuanto a los servicios, los bancos demostraron estar preparados para lo inesperado e impredecible que fue todo el 2020.

Las entidades contaban con canales digitales listos para ofrecer a sus clientes la opción de hacer las transacciones más demandadas desde un dispositivo electrónico. Y también contaban con aliados que, desde tiendas de barrio, farmacias, bazares y otros pequeños negocios, ofrecieron la posibilidad de tener al banco a unos pocos pasos de casa.

Las transacciones bancarias digitales crecieron un 32% en 2020 frente a 2019. El número de corresponsales no bancarios creció 23% en el mismo período de comparación.

Entonces, queda claro que la intermediación que hacen bancos es importante, y por eso esta labor no ha desaparecido desde la época medieval. Sin embargo, en la pandemia por Covid-19, los bancos demostraron ser, además, indispensables.

Dilemas fiscales y el financiamiento post-pandemia

Dilemas fiscales y el financiamiento post-pandemia

La propuesta de focalizar programas sociales se vuelve imperativa ante un contexto donde los indicadores sociales se han visto afectados y hay mayor número de personas en necesidad de recibir ayudas. 

Por: Andrea Villarreal Ojeda, directora del Departamento Económico de Asobanca

América Latina fue la región más golpeada del mundo por la pandemia del COVID-19. La radiografía final del 2020 revela una contracción económica de -7%, más del doble de la contracción promedio alrededor del mundo, pero la crisis pudo ser peor sin los masivos estímulos fiscales que bordean alrededor de 4,6% del PIB regional (FMI; CEPAL, 2021).

 Ahora, la región enfrenta la necesidad de financiar la recuperación económica, para lo cual se ha puesto sobre la mesa la necesidad de alcanzar consensos sociales y enrumbar una transformación integral a través de cambios fiscales y programas eficaces. Es una crisis sin precedentes.

 El cierre de empresas, sobre todo pequeñas y medianas, llevó a la tasa de desempleo en 2020 al 10,7% que significa 2,6 puntos porcentuales más que en 2019 (CEPAL, 2020b), mientras que el nivel del PIB per cápita regional terminó en el mismo nivel de 2010, lo que pone a la región frente a una nueva década perdida en materia económica y social. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2021), América Latina podría enfrentar tres escenarios de desempeño económico en 2021 y los próximos años.

El escenario base augura un crecimiento este año de 4,4% y 2,6% en los siguientes dos años, bajo el supuesto que los programas de vacunación avanzarán según lo planeado, que las economías se mantendrán abiertas, y que el mundo se recuperará de forma sostenida. El escenario pesimista considera menor crecimiento de la economía global por potenciales efectos financieros y retrasos en la vacunación, lo que causaría una desaceleración del crecimiento regional alcanzando tan solo 0,8% este año y tendrá una caída del -1,1% en 2022.

Por otro lado, en el escenario positivo se espera un crecimiento de 5,2% en 2021 y 3,9% para el próximo año con la perspectiva de una vacunación acelerada, sin nuevas olas de contagio ni cierres productivos. Dado que muchas economías de la región han regresado a restringir la libre circulación de manera total o parcial y no cuentan con planes de vacunación ágiles, lo probable es que algunos países se encuentren frente a desafíos para alcanzar un adecuado desempeño económico, lo que significaría una realidad más alineada al escenario pesimista. Según CEPAL (2021), la recuperación para la región no se alcanzará antes de 2023 en la mayor parte de países.

 En cualquiera de los escenarios planteados, la región tiene un reto adicional: financiar la recuperación. Para ello resulta imperativo que los gobiernos promuevan políticas estructurales que apoyen el crecimiento económico inclusivo y sostenible. Y para esto, los organismos internacionales coinciden en que la política fiscal desempeñará un papel preponderante para asegurar una reconstrucción regional que aborde las vulnerabilidades sociales que ya existían y se exacerbaron con la pandemia. Sin embargo, el impacto fiscal post-Covid supondrá un reto para los siguientes años.

Impacto fiscal (sin empresas y empleo no hay ingresos)

Según el último reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), el cierre masivo de empresas, los confinamientos y el aumento del desempleo provocaron que los ingresos tributarios totales de América Latina y el Caribe (ALC) cayeran un 11,2% en 2020 con respecto al 2019.

La reducción se evidencia principalmente en impuestos al consumo (-13,7%), impuestos a la renta (-9,9%) y el impuesto al valor agregado (-9,2%). La pandemia desmoronó los esfuerzos tributarios realizados por los países en las últimas décadas. Pese a los bajos niveles de recaudación tributaria, entre 1990 y 2019, la proporción entre la recaudación tributaria y el PIB se incrementó en 7 puntos porcentuales, pasando de 15,7% a 22,9%.

Los principales impulsores del aumento fueron los impuestos sobre el valor agregado y los impuestos sobre la renta, que aumentaron en 3,8 y 3 puntos porcentuales, respectivamente (OECD et al. 2021). En promedio, los países de América del Sur registraron el mayor crecimiento entre 1990 y 2019, con un aumento de 9,2 puntos porcentuales.

Ecuador, por ejemplo, pasó de 11,6% del PIB a 20,1% entre 1990 y 2019, lo cual demuestra un notable avance en materia tributaria. Y al cierre de 2020, según el Servicio de Rentas Internas, esta proporción se ubicó en 12% por la severidad de la pandemia deteriorando la posición fiscal para los siguientes años.

Reformas en la mira (Hacer más eficiente al estado y concentrarse en las ventajas)

Los primeros intentos de poner sobre la mesa reformas fiscales no han sido exitosos. Las propuestas en esta área representan un gran reto en materia de gobernabilidad ya que la emergencia sanitaria ha profundizado las brechas sociales.

Colombia es un ejemplo de un intento de reforma tributaria sin éxito que causó un fuerte descontento social y caos en el país y terminó en el retiro de la propuesta desde el Ejecutivo. Organismos como el FMI señalan que existe una oportunidad de ampliar el diálogo político y social en torno a las reformas necesarias, para lo cual se necesita impulsar un amplio frente social y productivo.

 Las propuestas de organismos multilaterales apuntan a reformas transformativas que saquen adelante iniciativas para que las finanzas públicas y los sistemas tributarios de la región sean más progresivos. Según el FMI (2021b), los cambios deberían enfocarse en recortar exenciones tributarias, así como disminuir evasión y elusión fiscal. Desde la óptica de este organismo, esta podría ser una oportunidad única para plantear acuerdos fiscales y abordar los problemas estructurales de larga data. Para ello plantea principalmente cuatro recomendaciones.

La primera de las propuestas, referente a una mayor progresividad de las finanzas públicas, ayudaría a reducir la desigualdad y generaría espacio fiscal para políticas favorables a grupos vulnerables y al crecimiento económico. El FMI (2021b) recomienda buscar el incremento de la progresividad de los impuestos sobre la renta de las personas físicas, centrándose en un recorte de las exenciones tributarias y buscar mayor eficiencia en la recaudación.

En el caso de Ecuador esto estaría contemplado dentro del plan de gobierno del presidente electo y buscaría no solo mejorar la progresividad y eficiencia del sistema tributario sino nutrir más su base al atraer capitales internacionales.

El segundo cambio que sugiere el FMI es combatir la elusión y evasión fiscal que acarrea la región. Esto se enfoca en revisar los actuales impuestos, sus contribuyentes y reenfocar los gastos tributarios hacia aquellos donde su impacto y efectividad esté debidamente evaluada.

 En un tercer punto, el organismo recomienda apostar por la diversificación económica que permita generar nuevas oportunidades y afianzarse en las ventajas comparativas de la región. Esta diversificación funcionaría de la mano con políticas que preparen a los trabajadores en los empleos del futuro, así como educación de calidad y accesible, acompañado de infraestructura y conectividad. Según el BID (2021), esto hará una diferencia importante en la recuperación económica y tendrá un efecto fiscal adecuado.

Finalmente, la propuesta de focalizar programas sociales se vuelve imperativa ante un contexto donde los indicadores sociales se han visto afectados y hay mayor número de personas en necesidad de recibir ayudas. Esta focalización será crucial y aunado a esto se deberá fijar una temporalidad a los programas para asegurar su sostenibilidad en el tiempo.

Además, medir el efecto que tienen sobre los objetivos que se persiguen será vital para generar ahorros fiscales y al mismo tiempo asegurar que las balas de plata sean efectivas y se enfoquen verdaderamente en obtener resultados.

América Latina se enfrenta a un reto enorme en los próximos años. Aunque el camino no será fácil, la crisis actual puede ser una oportunidad de alcanzar consensos que permitan solucionar los problemas estructurales que arrastra. Esto es un requisito fundamental para poner en marcha reformas transformativas y políticas que ubiquen a la región en un camino de recuperación social y económico sostenible.

En el caso de Ecuador, el reciente cambio de gobierno es una oportunidad de llegar a consensos y aplicar cambios que reduzcan las desigualdades, pero también nos impulsen económicamente mediante el fomento productivo y la competitividad. Estos factores aportarán a dinamizar el empleo y serán impulsores para una recuperación más ágil y que se mantenga en el largo plazo.

Referencias:

1. Banco Interamericano de Desarrollo – BID. (2021). Oportunidades para un mayor crecimiento sostenible tras la pandemia. Documento coordinado por Eduardo Cavallo y Andrew Powell.

2.Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL. (2021). Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe. (LC/PUB.2021/5-P), Santiago.

3.Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL. (2020b). Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe. (LC/PUB.2020/17-P/Rev.1, Santiago.

4.Fondo Monetario Internacional – FMI. (2021). World Economic Outlook: Managing Divergent Recoveries. Washington, DC, April.

 5.Fondo Monetario Internacional – FMI. (2021b). ¿Qué viene después del superciclo de las materias primas y la pandemia?. Por Antoinette Sayeh, Alejandro Werner, Ravi Balakrishnan and Frederik Toscani. Disponible en: https://blog-dialogoafondo. imf.org/?p=15547 6.OECD et al. (2021). Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe 2021. OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/96ce5287-en-es