Dos problemas agravaron la brecha de género durante la pandemia en Ecuador y el mundo

Dos problemas agravaron la brecha de género durante la pandemia en Ecuador y el mundo

En 2020, una poderosa e impredecible fuerza invisible empujó hacia atrás a las mujeres y a los hombres, pero a ellas las hizo retroceder más pasos que a ellos, en un camino en el que las mujeres ya tenían distancia de desventaja. Es lo que ocurrió cuando el mundo fue azotado por la pandemia de Covid-19, esa distancia que conocemos como brecha de género creció.

Con el coletazo de la pandemia, para que la brecha de género desaparezca tendremos que esperar alrededor de 135,6 años, estima el Global Gender Gap Report 2021, que realizó el World Economic Forum. Antes de la pandemia el organismo estimaba que la espera tomaría 99,5 años.

Este índice evalúa cuatro dimensiones: participación y oportunidad económicas, nivel educativo, salud y supervivencia y empoderamiento político. Islandia ocupa el puesto 1, con la brecha más corta.  Ecuador, en cambio, está en el puesto 42 de 153 países.

Según el reporte, la distancia por acortar en el aspecto de participación económica y oportunidades es la segunda más grande de las cuatro áreas, detrás de aquella relacionada con el aspecto político.

El 58% de la brecha económica se ha cerrado hasta ahora y aunque registra una mejora marginal desde la edición previa a la pandemia, el organismo estima que tomará 267,6 años cerrar el espacio. Ninguno de nosotros vivirá para verlo, tampoco nuestros hijos.

En lo que respecta a Ecuador, antes de la pandemia estábamos en el puesto 74 en esta área, pero en el reporte de 2021 caímos al puesto 81. Algo similar a lo que sucedió en varios países de la región.

¿Cómo explicar esta caída?

Uno de los principales problemas tiene que ver con el empleo. La pandemia golpeó a los sectores de la economía que generaban más trabajo para las mujeres: los servicios de cuidado en el área de salud, el empleo doméstico, las manufacturas, el turismo, entre otros.

Alrededor de 6 de cada 10 mujeres en la región están ocupadas en las áreas en las que se prevé efectos más negativos por la pandemia, indicó el informe La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad, realizado por la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal).

Además, por el cierre de escuelas y guarderías, las mujeres en la región asumieron la mayor parte del trabajo no remunerado adicional en el hogar, advierte ONU Mujeres. Antes de la pandemia, las mujeres de América Latina ya dedicaban más del triple de tiempo al trabajo no pagado que los hombres.

Un segundo problema exacerbado por la pandemia es la vulnerabilidad financiera de las mujeres. Un 60% de mujeres, en promedio, no podría seguir cubriendo sus gastos por más de tres meses al perder su principal fuente de ingresos en comparación con el 55% de los hombres, según un estudio publicado en marzo de 2021 por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) en Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.

Este informe señala que ante la pregunta: “¿Si usted enfrenta un gasto imprevisto hoy, equivalente a su ingreso mensual, sería capaz de cubrir estos gastos sin requerir a un crédito o préstamo de familiares o amigos?” Solo el 37% de las mujeres respondió que sí podría. En cambio, el 46% de los hombres respondió que lo lograría.

En este contexto, el emprendimiento de negocios propios -pequeños y medianos- se ha convertido en un bote salvavidas, con un alto potencial de seguir con un acelerado crecimiento.

 Un estudio de IPSOS, publicado en enero de 2021, menciona que tres de cada diez personas que han comenzado un negocio en el último año no tenían la intención de crear uno, pero la pandemia los motivó a hacerlo. La encuesta, realizada a ciudadanos de 28 países, también detalla que las mujeres y los grupos de población con menos ingresos están entre quienes más emprendieron.

¿Pero qué se puede hacer ante este escenario tan complejo?

ONU Mujeres recomienda medidas como avanzar hacia un pacto fiscal de los gobiernos que tome en cuenta las necesidades de las mujeres; reforzar el financiamiento de políticas con foco en las mujeres durante y después de la pandemia; garantizar un ingreso básico de emergencia a mujeres en situación de pobreza e invertir en la economía del cuidado como dinamizador para una reactivación económica.

El financiamiento también es clave para que este grupo de la población pueda sortear la tormenta, según informes del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Por ello, estos entes apoyan acciones como la Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras (We-Fi) que desde 2017 ha alcanzado a 130.000 mujeres de 60 países, incluyendo a Ecuador.

Estudios de estos multilaterales indican que las mujeres son mejores sujetos de crédito que los hombres y, además, indican que con menos capital, ellas suelen lograr mayores ingresos. “Aunque la mujer invierte un 50% menos de capital que sus pares masculinos, logra un 20% más de ingresos”, dice un reporte del BID.

Cinco señales de que eres apto para recibir un crédito

Cinco señales de que eres apto para recibir un crédito

Las experiencias de las personas en torno al crédito pueden resultar muy distintas. Por un lado, están las personas que han encontrado en el crédito un instrumento útil para alcanzar metas que cambiaron sus vidas.

El año pasado tuve la oportunidad de entrevistar a una madre de familia de dos pequeños, que con orgullo me contó que logró ampliar su pequeño restaurante en el sur de Quito; compró un horno e insumos que hicieron más sencillo el trabajo y le permiten atender mejor a sus clientes. Lo hizo con ayuda de un crédito de la banca privada.

Varios recuerdos importantes de mi vida están ligados también a un crédito.  Mi intercambio para aprender inglés en Canadá. Mis papás decorando la casa que por fin pudieron comprar luego de haber pagado arriendos durante 20 años. Mi primer auto.

Pero del otro lado están también aquellos que no pueden o no han podido acceder a un crédito formal. En este punto, entonces, surge la pregunta: ¿por qué unos sí reciben créditos y otros no?

Los expertos en educación financiera coinciden en que existen al menos cinco aspectos que suelen influir en el otorgamiento de créditos. Conocer estas variables resulta indispensable para que corrijamos o mejoremos aquellas cosas que están en nuestra cancha. Por una amable coincidencia del idioma español estos cinco aspectos comienzan con la letra “C” y, por ello, los especialistas suelen referirse a estos como: Las cinco “C” del crédito.

Carácter

El carácter de pago es la credibilidad que ha construido una persona en lo referente al pago de sus compromisos y obligaciones de crédito. Esta variable, en términos sencillos se refiere a qué tan bueno o malo es un sujeto para honrar sus deudas; el carácter se puede ver a través del historial crediticio de una persona.

Es cierto que un cliente puede tener recursos para pagar un crédito, pero si no tiene disposición o carácter para hacerlo, incurrirá en mora, por lo tanto, no será visto como un buen sujeto de crédito.

Recuerde que esta variable está en la cancha del cliente. Pagar a tiempo una deuda es la mejor forma de mostrar un buen carácter de pago.

Capacidad

Un prestamista necesita saber si la persona que recibe el crédito tiene posibilidades de pagar su compromiso, de ahí que resulta importante evaluar su capacidad de pago.

Una de las prioridades de los bancos es cuidar el dinero de sus depositantes, por ello, no pueden arriesgar esos recursos prestando dinero que quizás nunca podrán recuperar, esto afectaría a los depositantes.

No existe un monto de dinero específico que se requiera tener como ingreso para acceder a un préstamo, lo que se debe tener en cuenta más bien es la capacidad de pago de cada uno. ¿Qué es la capacidad de pago? Es la cantidad máxima de los ingresos que una persona puede destinar al pago de deudas.

Para saber su capacidad de pago debe conocer cuáles son sus ingresos y cuáles son sus gastos, no olvide incluir las cuotas de deudas ya adquiridas.

Reste a los ingresos sus gastos y las cuotas de las deudas que debe pagar. Ese es su ingreso neto. Los especialistas recomiendan que no se destine más del 40% de los ingresos a pagar deudas.

Colateral

También suele ser llamado “garantía” o “aval” y se refiere a los activos (por ejemplo, un bien inmueble, maquinaria, inventarios) con los que cuente el cliente para asegurar o garantizar el pago del préstamo en el caso de que, por alguna razón, no pudiera pagar el monto.  

La intención del ente que otorga un crédito no es quedarse con los bienes del cliente, pues esto genera más gastos a los bancos y engorrosos trámites legales. Lo ideal es recuperar el crédito con los pagos a tiempo recibidos por el cliente. Además, así usted puede construir un buen historial.

Recuerde que no todos los créditos exigen un colateral, este requisito suele depender del monto que solicite la persona o empresa y del tipo de crédito. También hay créditos en los que más que un colateral, se solicita que una persona participe como garante de la deuda.

Capital

Los ingresos, como el salario mensual del cliente, suelen ser la fuente principal de pago de un crédito, no obstante, los entes también pueden tomar en cuenta otros factores, como el capital; es decir, los ahorros, inversiones y otros activos con los que cuente el posible deudor para hacer frente a su compromiso.

Condiciones

Se refiere a las condiciones generales que puedan afectar el pago del monto prestado. En este punto están temas como el destino que se le dará a los fondos recibidos del banco, el plazo de pago, e incluso, las condiciones económicas que atraviesa el país en donde vive el deudor. ¿El país atraviesa una grave recesión económica, la economía está estancada o más bien está en una etapa de crecimiento? Eso influye en importantes aspectos como la inflación, la tasa de empleo, entre otros.