¿Por qué estamos tan enganchados con el efectivo en la era digital?

Los billetes son viajeros, aventureros que fueron acuñados un día y no paran hasta que el deterioro los da de baja. Piense en el billete de USD 5. Salió de la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos y llegó a un pequeño país que se dolarizó hace 21 años. Usted recibió ese billete como “vuelto” de manos de la vecina que tiene una panadería. ¿Pero por cuántas manos habrá pasado? ¿Cuántos viajes hizo antes de llegar a su mano y cuántos más podrá hacer?

En Ecuador, la vida útil de los billetes es menor que la vida útil que tienen estos mismos papeles en países como EE.UU., reconoció Verónica Artola, gerente del Banco Central del Ecuador (BCE) en una entrevista con la agencia EFE, en 2018.

La vida del papel moneda en Ecuador es de 3 a 5 años máximo, según el BCE. Y reponer los billetes le cuesta al Banco Central entre USD 8 y 12 millones al año, porque Ecuador no imprime dólares, los importa. Ese gasto, al fin y al cabo, es del Estado, de los ecuatorianos.

Según publicó Diario El Universo, para satisfacer la demanda de billetes en los meses más duros de la emergencia sanitaria, solo entre marzo y mayo 2020, el BCE importó alrededor de USD 1.897 millones de los Estados Unidos, así lo reportó el ente en el informe Evolución de los medios de pago en el contexto de pandemia Covid -19, publicado en febrero de 2021.

USD 8 millones es un monto parecido al que destinó el Fisco de manera mensual para pagar el bono Joaquín Gallegos Lara para personas con discapacidad en 2019. Con USD 8 millones se le podría pagar este bono a 33.000 personas con discapacidad.

El acelerado deterioro del papel moneda en Ecuador se debe, entre otras cosas, a que todavía existe una fuerte preferencia de los ecuatorianos por tener el dinero contante y sonante en la mano o en el bolsillo. Esto, aunque tenerlo así lo haga más propenso a sufrir asaltos o estafas y aunque haya sido tocado quizás por alguien infectado con Covid-19.

¿Pero por qué estamos tan enganchados con el efectivo?  

Es cierto que todavía hay trabas que siguen atando a una parte de la población al efectivo, como la brecha de aprendizaje digital; los problemas de acceso a internet; y la informalidad en los pequeños negocios.

Pero también es cierto que en lo que se refiere al desarrollo digital en el país, la tecnología que está atada al sector bancario es la que más crece. Así, al menos 10 bancos tienen su propio laboratorio de innovación. Toda inversión en tecnología persigue un mismo fin: hacer la experiencia más fácil, más digital, más rápida, menos arcaica. 

La banca ecuatoriana ofrece desde hace ya más de una década un medio de pago que reemplaza perfectamente al efectivo: la tarjeta de débito. Y en los últimos años se han implementado tecnologías que permiten incluso reemplazar ese plástico. ¿Y ha escuchado de los ‘wearables’ o sistemas ‘contactless’? Hoy puede pagar su entrada al cine tocando con su reloj inteligente sobre un dispositivo POS (terminal de pago).

Y están otras vías que ahora nos resultan de lo más normal, pero que en su momento fueron un gran salto: las transacciones virtuales, las ‘app’ en el celular y la tablet.

La pandemia nos demostró lo importante que es tener una banca lista para un mundo de pagos digitales y también nos demostró que sí, es posible usar menos efectivo.

De un día para otro un virus nos encerró y tuvimos que pedir comida o medicina solo a través de una aplicación, pagando desde el celular. Pagamos la pensión del colegio de nuestros hijos a través de transferencia y ya no en la ventanilla del plantel. Hay quienes acudieron a los hijos y nietos y descubrieron que podían aprender a usar otros medios distintos al efectivo.

En este escenario, la banca estuvo lista para responder al súbito incremento de movimientos digitales, según muestran los datos del estudio del BCE: Evolución de los medios de pago en el contexto de pandemia Covid -19. El número de transacciones por pagos interbancarios realizados por los clientes del sistema financiero entre mayo y septiembre 2020 creció en 35%, lo cual evidencia un mayor uso de los medios de pago electrónicos. De igual forma, el número de transferencias de clientes de bancos privados aumentó un 49%, alcanzando 35.7 millones de operaciones mensuales a septiembre 2020. Antes de la pandemia se canalizaban mensualmente en promedio 25 millones de operaciones.

El informe del BCE menciona que entre marzo y junio de 2020 —los meses de mayor incertidumbre por la pandemia— la demanda de efectivo se incrementó en USD 1.600 millones respecto a similar período del 2019. Sin embargo, a partir de julio 2020, la situación se invirtió y disminuyó la demanda de efectivo en USD 346 millones respecto al año 2019.

En julio de 2020 se registraron más transacciones electrónicas que en meses que históricamente son de más transaccionalidad, como diciembre. El número de transferencias desde mayo de 2020 creció mensualmente alrededor del 10%, en promedio.

La pandemia aceleró cambios en la población que pudieron haber tomado mucho más. El uso de medios digitales es un ejemplo en Ecuador.

El reto de la banca ahora es seguir fortaleciendo sus estrategias de soluciones digitales, mientras que, desde otras esferas, el desafío es que las trabas, como la falta de internet y el analfabetismo digital, mermen y, un día, desaparezcan.

Categorías: Innovación y Banca Digital
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