Eficiencia energética, construcción de viviendas sostenibles y gestión de residuos, entre los principales destinos de los créditos verdes

Eficiencia energética, construcción de viviendas sostenibles y gestión de residuos, entre los principales destinos de los créditos verdes

Artículo publicado el 22 de diciembre de 2021 en Diario El Universo

La demanda de créditos verdes mantiene un crecimiento sostenido a escala nacional. En el país, de acuerdo con la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca), son cuatro las entidades que tienen dentro de su portafolio el financiamiento verde: ProCredit, Produbanco, Pichincha y Bolivariano.

Los bancos que otorgan este tipo de financiamiento aseguran que, en lo que va del 2021, se registra una fuerte inclinación por parte de los clientes hacia la inversión verde y sostenible, aun en un escenario en el que la pandemia por el COVID-19 continúa.

El crecimiento registrado se refleja en el número de operaciones crediticias que han crecido entre uno y dos dígitos. Por ejemplo, Banco Pichincha pasó de 547 operaciones en 2019 a 4.551 hasta octubre de este año. ProCredit llegó a más de 300 créditos otorgados en lo que va del 2021, el doble de lo registrado en 2019.

El analista económico y catedrático Guillermo Granja afirma que este comportamiento al alza se da, en parte, porque cada vez son más las empresas y personas que están comprometidas con la conservación del medioambiente. Para Granja, existe una corriente marcada de personas que apuntan a proteger el planeta, lo que impulsa la dinamización de este segmento de crédito.

Según David Grey, presidente del Comité de Finanzas Sostenibles de Asobanca, si bien desde 2012 ya se comenzaron a registrar productos especializados de crédito verde en el país, no fue sino hasta 2020 cuando el Comité de Finanzas Sostenibles realizó el registro de los montos colocados bajo esta etiqueta conocida como “créditos verdes”.

El gremio destaca que, en el último lustro, con la firma del Protocolo de Finanzas Sostenibles se ha dado paso a que los bancos privados desarrollen cada vez más productos verdes.

Un punto a considerar, dice Grey, es que el financiamiento sostenible no solo incluye el crédito verde. Más bien abre un paraguas de productos destinados a mitigar el impacto social, con líneas para financiar microempresas, sectores vulnerables, negocios liderados por mujeres, entre otros.

Destino de los créditos

Los créditos verdes están destinados tanto a empresas como a personas naturales. De acuerdo con Asobanca, los recursos que otorgan los bancos se canalizan para proyectos de eficiencia energética, tecnologías eficientes, cambios de maquinaria e infraestructura, créditos verdes para pymes, para vehículos amigables con el ambiente, entre otros.

ProCredit explicó que, en el caso de las personas naturales, las líneas están destinadas a inversiones en viviendas sostenibles, energía renovable o en autos eléctricos. En el caso de las empresas, en cambio, el enfoque principal es en la maquinaria con alta eficiencia, uso eficiente de otros recursos, economía circular, reciclaje o gestión de residuos y el uso de energías limpias, detalló Katarina Zdraljevic, jefa de la Unidad de Gestión Ambiental de la entidad.

Hasta noviembre de 2021, la entidad ha desembolsado cerca $ 42 millones en créditos verdes.

En Banco Pichincha se apuesta por financiar rubros como el de la agricultura sostenible a través de sus Biocréditos. Desde 2019 hasta octubre del 2021, por ejemplo, este segmento ha concentrado al menos la mitad de todos los recursos verdes colocados.

En los diez primeros meses de 2021, la entidad otorgó $ 105 millones para financiar proyectos de agricultura sostenible, unos $ 44 millones más que en 2020. A este segmento le siguen construcción y vivienda sostenible y transportación, destaca Ignacio Maldonado, vicepresidente ejecutivo de Negocios de Banco Pichincha.

Produbanco, en cambio, registra desde 2016 hasta el cierre de noviembre de 2021 que se han generado 429 operaciones de crédito por $ 293 millones dentro del programa Líneas Verdes.

La mayor parte de estos recursos ha sido destinada al desarrollo sostenible de agricultura (34 %), acuacultura (30 %) y manufactura (24 %), principalmente enfocado al desarrollo de procesos productivos eficientes.

José Ricaurte, vicepresidente de Banca Minorista de Produbanco, dijo, además, que los beneficiarios de los créditos pueden trabajar directamente con consultores especializados en materia de sostenibilidad de cara a la mejora de sus procesos productivos.

Asobanca registra que los bancos privados colocaron $ 215 millones en créditos verdes durante 2020.

Principales hitos de la agenda de financiamiento sostenible

2016: Firma del Protocolo de Finanzas Sostenibles para comenzar a construir una estrategia de finanzas sostenibles para el sector.

2017: Creación del Comité de Finanzas Sostenibles, impulsado por la Asociación de los Bancos Privados, con la participación de doce bancos privados.

2019: Firma de nueve bancos, en bloque, del acuerdo de Principios de Banca Responsable impulsado por la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente UNEP FI (Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente).

Primera emisión de bonos verdes por parte de Banco Pichincha. Se emitieron bonos por $ 150 millones.

2020: Comienza el desarrollo de doce guías sectoriales para mitigar el impacto ambiental en el crédito productivo. Bancos privados reciben $ 560 millones de DFC, BID Invest, IFC, FMO dirigidos a esfuerzos de sostenibilidad.

2021: Asobanca, junto con BID Invest y FMO, inician el desarrollo de 22 guías sectoriales adicionales, cuyo trabajo culminará en 2022.

Bancos privados recibieron hasta septiembre $ 322 millones de BID Invest, DFC y FinDev Canadá, dirigidos a esfuerzos de sostenibilidad.

Quince bancos privados firman una nueva acta para renovar su compromiso con el Protocolo de Finanzas Sostenibles.

Asobanca presenta las primeras doce guías sectoriales, elaboradas en alianza con el eco.business Fund, un fondo de impacto para América Latina y el Caribe, para delinear y fortalecer los procesos de calificación de crédito productivo que realizan los bancos, para así mitigar el riesgo ambiental y social al otorgarlos. 

https://www.eluniverso.com/noticias/economia/eficiencia-energetica-construccion-de-viviendas-sostenibles-y-gestion-de-residuos-entre-los-principales-destinos-de-los-creditos-verdes-nota/
Este ha sido el camino de la banca privada ecuatoriana hacia la sostenibilidad

Este ha sido el camino de la banca privada ecuatoriana hacia la sostenibilidad

La banca ecuatoriana está en sintonía con la urgencia de mitigar el cambio climático y por ello el sector comenzó a trazar su mapa de trabajo en sostenibilidad hace ya cinco años.

¿Qué han hecho los bancos privados?

Corría diciembre de 2016 cuando la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca) firmó en las Islas Galápagos el Protocolo de Finanzas Sostenibles para comenzar a construir una estrategia de finanzas sostenibles para el sector.
Al 2021 el sector bancario del Ecuador puede mostrar ya un camino recorrido con varias metas alcanzadas; una de las más importantes ha sido la firma en bloque del acuerdo de Principios de Banca Responsable, impulsado por la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente UNEP FI.
Otro hito se marcó en 2019, cuando el sistema bancario del Ecuador fue el primero en el mundo en realizar una firma de adhesión a estos principios de manera conjunta. Con nueve bancos firmantes, Ecuador es además el país con la mayor cantidad de bancos privados adheridos a este acuerdo.

Esta infografía recoge los más importantes hitos de la banca privada del país hacia la sostenibilidad

Con cuenta propia: una reflexión sobre la inclusión financiera para las mujeres

Con cuenta propia: una reflexión sobre la inclusión financiera para las mujeres

Hace 92 años, Virginia Woolf escribió uno de sus textos más famosos y un referente de la literatura feminista, el ensayo “Un Cuarto Propio”. ¿Y qué tiene que ver el texto de una escritora de hace casi un siglo, con tener una cuenta de ahorros propia?

En “Un Cuarto Propio”, la escritora reconocía que los hombres habían producido más y mejores textos literarios, de historia, anatomía, entre otros temas, como consecuencia de las desigualdades económicas. Llegó a la conclusión de que una mujer necesitaba de un cuarto propio –con privacidad dentro de su hogar, por lo menos– y de independencia financiera para darse el lujo y el gusto de dedicarse a escribir. La mujer no había podido igualar la producción literaria del hombre, decía Woolf, porque le costaba muchísimo más tener ingresos propios, algo que para ellos había sido normal siempre.

En pleno 2021, la brecha de género en el plano económico persiste. Antes de escribir este párrafo, revisé mi cuenta de ahorros y pagué por Internet la cuota de mi tarjeta de crédito, pero sé que esto es algo que no pueden hacer todas las mujeres en edad para trabajar en el Ecuador.

Aún existen mujeres que no pueden manejar el dinero de su hogar, incluso cuando ellas ayudaron a obtenerlo, porque todavía hay familias en las que es el hombre quien administra los recursos que ingresan.

En Ecuador y en otros países hay mujeres que no tienen “una cuenta propia” en una institución financiera. Y aún hay mujeres que, por no tener independencia financiera y por no participar del sector financiero formal, no han podido construir un historial crediticio, por lo que tampoco tienen tarjetas de crédito o préstamos.

La inclusión financiera es un vehículo para que más mujeres puedan alcanzar esa independencia necesaria para cumplir metas. Ya sea ser escritoras, estudiantes de posgrado, emprendedoras o cualquier otra cosa. Ya lo decía Woolf, el problema no es el intelecto o la capacidad: hay un problema financiero.

Pero esto de la inclusión financiera va más allá de propósitos individuales. Que la mujer pueda ingresar al sector financiero formal usando una cuenta de ahorros propia o accediendo a un crédito, permite impulsar la economía de los países. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres tienden a aportar mayores porciones de sus ingresos al consumo familiar que los hombres. De ahí que el organismo considera que la inclusión financiera con enfoque de género beneficia a las comunidades y la sociedad.

“Ya sea que trabajen en el hogar o fuera de él, ya sea que trabajen en empleo formal o por cuenta propia, la inclusión financiera proporciona a las mujeres las herramientas para acumular activos, generar ingresos, gestionar riesgos financieros y participar plenamente en la economía”, dice la publicación Género e Inclusión Financiera, publicado en marzo de 2020 por la OIT.

Incluso los expertos en temas financieros señalan que una estrategia que propicie más inclusión de las mujeres puede ser un buen negocio para las instituciones bancarias.

María Noel Vaeza, directora regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres, dijo en una entrevista para la agencia EFE en diciembre de 2020 que los servicios financieros dirigidos a las mujeres son rentables para las entidades porque la moral de pago de las mujeres es excelente. “Las mujeres son mucho más responsables a la hora de saldar sus deudas”, explicó.

La importancia de la inclusión financiera femenina es reconocida por instituciones globales y buena parte de los líderes de las mayores economías mundiales. Por ello se incluyó este asunto dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que se plantearon en 2015, a fin de ser alcanzados en 15 años.

El Objetivo 5, que aborda la igualdad de género, plantea en la meta 5.a. la necesidad de emprender reformas que otorguen a las mujeres igualdad de derechos a los recursos económicos, así como acceso a la propiedad y al control de la tierra y otro tipo de bienes, los servicios financieros, la herencia y los recursos naturales, de conformidad con las leyes nacionales.

Reconocer la importancia de este tema ha ayudado a generar iniciativas que han dado frutos en el país y a nivel global, pues los indicadores están mejorando.

En Ecuador en el 2015, según datos del Banco Central del Ecuador (BCE), del total de la población bancarizada, las mujeres representaban el 44,9% y los hombres el 55,1%. Al tercer trimestre de 2020, según el BCE, 4,1 millones de mujeres están dentro del sistema financiero. Estos 4,1 millones de mujeres representan el 48,2% de la población bancarizada. Los hombres son el 51, 8%.

Pero no basta reconocer la importancia del asunto y tener las cifras a la mano: se necesita tomar acciones sin tardar. Principalmente porque los avances en materia de inclusión y derechos de las mujeres conseguidos a lo largo de las décadas “están en peligro de retroceso como consecuencia de la pandemia”, reconoció Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas en abril de 2020. Las cifras de desempleo y de maltrato en el hogar han aumentado para las mujeres en el contexto de la pandemia.

Hay cinco acciones para propiciar una mayor inclusión de las mujeres, recomendadas en la publicación Inclusión Financiera de las Mujeres en América Latina: Situación Actual y Recomendaciones de Política, presentada en 2018 por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

La primera es el desarrollo de indicadores apropiados. La CAF destaca que se requiere implementar y perfeccionar indicadores que permitan generar conclusiones sobre el comportamiento de los hombres y mujeres en cuanto al uso de los productos financieros. Esto permitirá evaluar el impacto en términos de las políticas de género.

Una segunda acción recomendada es propiciar más fondos desde los multilaterales y de la banca de desarrollo para que las instituciones financieras puedan ofrecer más productos y servicios que traigan a las mujeres al sistema. En el caso de Ecuador, la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos aprobó en 2020 dos líneas de crédito para los bancos Pichincha y Guayaquil, para que impulsen el crédito enfocado en mujeres emprendedoras.

Una tercera acción apunta a crear productos financieros que permitan hacer crecer los negocios de las mujeres. El organismo plantea que estos productos deberían ayudar a las mujeres a transitar a mayores segmentos empresariales, pues actualmente muchas se concentran solo en la microempresa.

En Ecuador, las mujeres tienen mayor participación en el microcrédito que en el resto de segmentos de crédito. Aunque esto es positivo, lo ideal es que la brecha se pueda reducir en todos los segmentos.

Una cuarta medida que recomienda la CAF es articular los servicios financieros con servicios de desarrollo empresarial para así reducir los riesgos que puedan generarse en el otorgamiento de productos financieros a las mujeres para sus negocios.

La quinta y más importante recomendación es la educación financiera. El estudio del multilateral detalla que “hay evidencia de que las mujeres tienen menores conocimientos o entendimiento sobre información, conceptos o herramientas de utilidad para el acceso, elección y uso de los productos y servicios financieros comparadas con los hombres”.  De ahí que el reto es fomentar estas competencias. La CAF recomienda sentar las bases en la educación primaria y secundaria, lo cual implica cambios en la malla curricular y la formación docente en educación financiera con perspectiva de género.

También recomienda impulsar campañas coordinadas entre actores públicos, privados, ONG y la academia para difundir información clave en educación financiera.