El desempeño de los bancos contribuye a la reactivación económica

El desempeño de los bancos contribuye a la reactivación económica

Por: David Granizo
Departamento Económico Asobanca

El desempeño económico del Ecuador para 2021 será mejor de lo esperado. La última previsión de crecimiento presentada por el Banco Central del Ecuador (BCE) en noviembre 2021 es de 3,5%. Es decir, 0,5 puntos porcentuales mejor que la estimación de agosto (3%). Esta mejora en la previsión de crecimiento está apalancada en cuatro factores: el plan de vacunación; el aumento del crédito del sistema financiero nacional; el buen desempeño de las exportaciones y; el aumento del flujo de remesas. Dentro de estos factores, las entidades bancarias han tenido un rol fundamental durante la pandemia y, en la etapa de recuperación, han sido un importante aliado para los depositantes, canalizado cada vez más créditos conforme se ha reactivado la demanda en el país.

En medio de la crisis sin precedentes que afrontó el país, el sistema bancario ecuatoriano demostró ser un importante aliado para la reactivación económica. El rol que cumplen los bancos de recibir recursos en forma de depósitos de personas, hogares o empresas se fundamenta en la confianza y las entidades bancarias han demostrado su manejo técnico al salvaguardar adecuadamente los depósitos de sus clientes. A su vez, los bancos destinan estos recursos a través de créditos que dinamizan la economía y permiten cubrir necesidades de financiamiento en el país. Este rol de intermediación financiera lo realizan con una adecuada administración del riesgo, manteniendo, aún en la crisis más profunda del país, buen desempeño en los indicadores de solidez, liquidez y solvencia. En 2021, el comportamiento de los depósitos fue favorable al mantener una tendencia positiva en el crecimiento anual durante todos los meses. Según la Superintendencia de Bancos a noviembre 2021, los depósitos suman USD 39.654 millones, cifra que es 11,2% más alta que el mismo mes de 2020 (USD 4.001 millones) y 23,2% superior a 2019 (USD 7.477 millones). El Gráfico 1 muestra la composición de los depósitos: los de plazo sumaron USD 14.857 millones (37,5% del total), con un crecimiento de 11% con noviembre de 2020 (USD 1.474 millones); seguido por los depósitos monetarios que fueron de USD 12.668 millones (31,9% del total), valor 12,6% mayor (USD 1.416 millones). Luego se encuentran los depósitos de ahorro con un valor de USD 10.236 millones (25,8% del total), el cual es 12% mayor (USD 1.097 millones). Por último, otros depósitos representan USD 1.893 millones (4,8% del total), con una variación anual positiva de 0,7%.

Los depósitos en los bancos se incrementaron por mayor dinamismo de los depósitos monetarios y de ahorros; así como el constante crecimiento de los de plazo. Este desempeño muestra que la confianza en los bancos se mantiene gracias a la administración que demuestra en sus recursos, principalmente durante estos años difíciles.

EVOLUCIÓN DE LOS DEPÓSITOS

Respecto a la cartera de crédito, los últimos datos muestran que asciende a USD 33.083 millones en noviembre 2021, esto representa un crecimiento de 13,4% (USD 3.899 millones) con relación al mismo mes del año anterior y de 11,8% (USD 3.493 millones) frente a 2019. Este desempeño demuestra el acompañamiento de la banca ecuatoriana en la reactivación económica del país otorgando más créditos para cumplir con la demanda e impulsando el desarrollo económico de diversos sectores, especialmente productivos. El 61% (USD 20.132 millones) de los saldos de crédito entregados a noviembre 2021 se destinan para los sectores productivos del país, que incluyen microempresas, empresas, comercios y corporaciones. Mientras que el restante 39% (12.951 millones) es para el consumo de las familias ecuatorianas. El Gráfico 2 muestra que el saldo de la cartera del segmento productivo fue de USD 15.289 millones, cifra que es 17,6% mayor que el mismo mes del 2020 (USD 2.292 millones); le sigue el de consumo con USD 12.951 millones, y con un crecimiento de 9,4% (USD 1.117 millones); después está el de microcrédito con USD 2.547 millones, lo que significa un aumento de 26,6% (USD 536 millones). El segmento de microcrédito es el de mayor crecimiento. Este resultado se debe al apoyo a un sector que fue afectado por la pandemia, así como el constante impulso a las iniciativas de bancarización de las mujeres, favoreciendo a su inclusión financiera y a la reducción de la brecha de género en nuestra sociedad. En la cartera de microcrédito de los bancos privados, que representan más de las tres cuartas partes del total, las mujeres conforman más del 50% de sus clientes.

EVOLUCIÓN DEL CRÉDITO

Por otro lado, la información del Banco Central muestra que los bancos entregaron USD 20.785 millones en nuevos créditos entre enero a octubre de 2021, valor 9% mayor (USD 1.720) que en el mismo periodo de 2020, además representa el 73,5% del total del sistema financiero privado (USD 28.288 millones). Mientras que el número de operaciones fue de 5,8 millones, lo que significa un aumento de 14% (705 mil operaciones) que de enero a octubre 2020. El monto otorgado se divide en USD 14.487 millones (70%) a los segmentos productivos y USD 6.298 (30%) millones al segmento de consumo. Cabe indicar, que los nuevos créditos del microcrédito crecen en 62,4% anual (USD 653 millones adicionales). Las actividades de administrar depósitos y canalizar créditos estuvieron acompañadas con servicios que permitieron que no se interrumpan las transferencias bancarias. Es así como la banca ecuatoriana profundizó en el país otros medios de transacciones que ya venían desarrollando debido a la mejora continua de procesos para el beneficio de sus clientes. Estos servicios ofrecidos buscan optimizar la gestión de riesgo de los créditos; además de brindar alivio cercano a las empresas y hogares.

SERVICIOS FINANCIEROS DE LA BANCA EN 2021

El uso de tarjeta de débito también aumentó; las transacciones fueron de 6,4 millones a abril 2021, lo que representa un aumento de 133% (3,7 millones de transacciones) con respecto al mismo mes de 2020. Mientras que las realizadas con tarjeta de crédito se redujeron, estas fueron 15,3 millones a marzo de 2021, valor 7,7% menor (1,3 millones de transacciones) que la de marzo 2020. Sin embargo, el 14% de las transacciones con tarjeta de crédito se realizaron por internet, lo que muestra un crecimiento anual de 29% en el uso de la tarjeta por este medio. Actualmente, alrededor del 90% de los servicios bancarios están disponibles en canales digitales, hay bancos que incluso llegan al 99% de sus servicios. Los botones digitales de pago (cobro virtual en páginas web o aplicaciones) crecieron 3.000% entre marzo de 2020 a agosto 2021 (15 meses), pasando de 210 a 6.938, según la Superintendencia de Bancos. Estas nuevas tecnologías han sido beneficiosas porque han permitido mejorar la oferta de servicios financieros y disminuir los costos de operación. Según datos del INEC a diciembre 2020, el 70,7% de personas de 5 años o más usaron internet en los últimos 12 meses y el 53,2% de los hogares tienen acceso a internet. Sin embargo, aún existe un segmento de la población que no utiliza estos medios, por lo que otra alternativa de servicio ofrecido por los bancos a sus clientes, son los corresponsales no bancarios (CNB) (empresas que colaboran con instituciones financieras para que puedan prestar sus servicios). En Ecuador se registraron 35.973 CNB en abril 2021, lo que es 27% (7.653) más que en abril 2020 y 37% (9.720) más que en 2019. Los bancos han aportado de diversas maneras en la reactivación económica del país, puesto que su administración preventiva y proactiva del riesgo permitió buenos resultados en sus indicadores financieros, defendiendo la estabilidad financiera. Es así como la banca privada seguirá cumpliendo con los estándares de gestión y crecimiento de cartera, siempre precautelando el servicio a sus clientes y manteniendo la confianza de estos. 

Bajar las tasas de interés: cinco caminos por andar

Bajar las tasas de interés: cinco caminos por andar

Por: Evelyn Tapia y Andrea Villarreal

“Las tasas de interés deben bajar”. “Las tasas de interés son altísimas, hay que reducirlas para reactivar la economía”. “Si bajamos las tasas de interés por ley habrá más crédito”.

Estos y otros enunciados similares plagaron los discursos de varios actores políticos en Ecuador durante este 2021, año en el que está previsto que el país tenga un nuevo sistema para fijar las tasas de interés y así acatar lo dispuesto en la Ley de Defensa de la Dolarización, presentada en febrero de 2021 por el Gobierno del expresidente Lenín Moreno y aprobada en abril de este año, a pocos días de finalizar su mandato.

El discurso político orientado a obligar a una baja de tasas de interés para los créditos resulta popular y ha sido reiterativo desde hace años, y no solo en Ecuador. Sin embargo, en el año 2021, el tema se volvió más importante en el contexto de la entrada en vigencia de la Ley de Defensa de la Dolarización. Esta norma estableció que la hasta entonces llamada Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera se dividiera en dos organismos: una Junta de Política y Regulación Monetaria y otra Junta Política y Regulación Financiera.

A esta última entidad, la Ley le dio la responsabilidad de “establecer el sistema de tasas de interés para las operaciones activas y pasivas del sistema financiero nacional y las demás tasas de interés requeridas por la ley”. Por supuesto, para que esto se cumpla primero debía conformarse la nueva Junta y esto tomó varios meses —apenas en octubre pasado la Asamblea Nacional posesionó a la nueva Junta Financiera.

No obstante, mientras los tiempos corrían para la conformación de la Junta, el Banco Central del Ecuador (BCE) adelantaba el diseño de dicha metodología, para que la Junta, una vez conformada, lo pudiera implementar. Se espera que, hasta la segunda semana de diciembre, la Junta Financiera dé a conocer la nueva forma en la que se fijará el precio del dinero. Porque, en efecto, la tasa de interés es un precio: el precio que cobran las entidades financieras por el servicio de intermediación financiera, de otorgar créditos y asegurar que el dinero de los depositantes se mantenga seguro y generando réditos.

El BCE ha adelantado que el nuevo sistema consistiría en crear bandas de tasas de interés para incorporar a aquellas personas que actualmente no están en el sistema financiero. Para la fijación de la tasa de interés se usarían cuatro componentes: 1) riesgo crediticio, 2) costo de fondeo, 3) costo operacional y 4) costo de capital. Esto significa que, si bien habrá cambios en la forma en la que se fijan las tasas, estas seguirán teniendo techos o controles fijados por parte del Gobierno.

Estudios técnicos de organismos internacionales y nacionales han demostrado que los controles que buscan reducir las tasas de interés de manera artificial, es decir, por decisión gubernamental o mediante normas que dictan reducciones “a dedo”, derivan en exclusión financiera; hay menos acceso a crédito debido a que, al obligar a reducir las tasas de interés, las entidades financieras no logran cubrir el verdadero costo que representa dar un crédito a algunos segmentos de la población que son más propensos a caer en mora, entre otras distorsiones. En esta línea, el 7 de diciembre pasado, Grupo Spurrier señaló en su Boletín de Análisis Semanal que los techos a las tasas de interés no son el mecanismo idóneo ni técnico para su reducción, pero destacó que el cambio propuesto por el BCE es un avance porque permitirá que las tasas se ajusten de mejor manera al perfil de cada cliente.

En Ecuador, las tasas de interés están controladas desde 2008 por techos o topes máximos fijados por el Gobierno. Este modelo ha propiciado exclusión financiera de miles de personas que, por los controles a las tasas, no han podido acceder a un crédito formal y han tenido que buscar préstamos de usureros, poniendo en riesgo su seguridad y pagando tasas de 1238% anual en promedio, de acuerdo con un estudio de Equifax (2021).

Análisis Semanal señala que, en Ecuador, entre 2007 y 2019, el número de operaciones de crédito en todos los segmentos se redujo en 0,6%, en promedio anual, mientras el monto promedio en dólares se elevó en 10,1%. Esto significa que las entidades financieras otorgaron más montos de crédito, pero ese dinero llegó a menos manos. El segmento más afectado es el de los clientes del microcrédito, pues es un crédito con elevados costos operativos para las entidades, ya que sus ejecutivos deben visitar a los clientes frecuentemente y recorrer grandes distancias; pero, además, implican un mayor nivel de riesgo, pues son personas más vulnerables a contingencias como una enfermedad o accidente, lo que podría incidir en que caigan en mora.

 ¿Hay una forma de que reduzcan las tasas sin hacerlo a la fuerza?

Que algún producto o servicio baje de precio es una buena noticia para los clientes, pero esa reducción es saludable para la economía de un país siempre y cuando no se dé de manera artificial, generando las distorsiones ya mencionadas. Entonces ¿cómo lograr que las tasas de interés bajen sin afectar la inclusión financiera ni la economía?

Las tasas de interés pueden reducirse sin necesidad de hacerlo mediante órdenes gubernamentales a través de cinco caminos:

Normativa que siga los estándares internacionales

Luego de la crisis financiera mundial del 2008, se reforzó uno de los estándares internacionales más reconocidos por la banca, el marco de Basilea III, establecido por el Comité de Supervisión Bancaria del Banco de Pagos Internacionales. En este marco, se identificaron puntos vitales de reforma a marcos de regulación previos a la crisis y se buscó fortalecer las bases para un sistema bancario resiliente que ayude a evitar la acumulación de vulnerabilidades sistémicas. Actualmente, Ecuador es uno de los países más atrasados en la implementación de los estándares propuestos por este esquema regulatorio, lo cual, a ojos de otros mercados internacionales, es una clara oportunidad de mejora para equipararnos a economías que tienen una penetración importante de banca extranjera.

En el caso ecuatoriano, existen además una serie de normativas que difieren de las mejores prácticas internacionales y ahuyentan la posibilidad de contar con mayor inversión en el sector. Estas medidas incluyen la existencia de controles absolutos a las tasas de interés, sin que respondan a ningún criterio técnico y que generan exclusión. Además, el control de las tarifas que se cobran por servicios prestados es otro ejemplo. La necesidad de contar con aprobación para repartir dividendos, así como requerir autorización para establecer salarios de altos directivos, son otros caminos de excesivo control. También está la prohibición de participar en distintas actividades económicas, entre otras.

Entorno estable, competitivo y amigable para la inversión

 Normalmente, en cualquier sector económico, si hay más actores compitiendo, los precios bajan. En el caso del sistema financiero esto también es aplicable. Que el país reciba más inversiones y lleguen nuevos competidores extranjeros al sector financiero beneficia a todos. El ingreso de nuevos bancos al país ayudaría a tener un desarrollo más dinámico del comercio exterior, atracción de más inversión extranjera y una mejor capacidad de gestión y de atracción de nuevas tecnologías para atender a los clientes que exigen cada vez servicios más personalizados, ágiles y seguros.

Actualmente en Ecuador no existe norma alguna que prohíba el ingreso de banca extranjera al país. Sin embargo, como se menciona en el punto anterior, el entorno regulatorio desincentiva el ingreso de bancos internacionales. Cabe indicar que los bancos ecuatorianos tienen presencia en otros países, es decir, están prestos a competir.

Pero además de lo normativo, en términos económicos, los inversionistas necesitan tener confianza en el país, la cual viene dada por las condiciones de mercado y ambiente de seguridad jurídica que promuevan la estabilidad macroeconómica.

El entorno político también juega un rol muy importante debido a que las decisiones políticas pueden fortalecer la economía o pueden generar incertidumbre dentro y fuera de ella.

El país tiene debilidades estructurales que tienen que ver también con la estabilidad social y política, lo cual ahuyenta las nuevas inversiones.

Fomentar la llegada de capitales

En una economía dolarizada, el flujo de dólares se vuelve fundamental para su funcionamiento. Al Ecuador no arriban capitales del exterior, pese a que contamos con la fortaleza del dólar. El problema es que el país tiene importantes desincentivos para captar recursos o depósitos del exterior, uno de ellos es el impuesto a la salida de divisas (ISD) creado en 2007. Debido a este tributo, la captación de recursos, tanto de ecuatorianos como de extranjeros, se ve limitada.

Eliminar o reducir impuestos que distorsionan el mercado crearía mejores condiciones para tener una mayor profundización financiera e interconexión con los flujos de capitales del mundo. Esto traería grandes beneficios a los emprendedores, empresarios y el sector productivo, generando más actividad económica y beneficios para el país.

Además, los bancos también pueden obtener dinero de otras fuentes internacionales o de sus propios accionistas. En otros países de América Latina, el nivel de recursos que fluye hacia el sistema financiero es muy alto porque sus economías atraen capitales extranjeros y son amigables con la inversión local e internacional. Así, por ejemplo, Panamá, país dolarizado, tiene niveles de flujos de capital que superan más de cuatro veces a los de Ecuador, y se reflejan en un nivel de depósitos frente al PIB superior al 130%, mientras que en nuestro país es del 35%.

Requerimientos de liquidez adecuados

La actividad bancaria, en su principio más básico, es la de mover el dinero de sus depositantes para generar un beneficio económico (tasa pasiva) y colocarlo en personas y empresas que lo necesitan para generar más recursos a través de créditos que permitan potenciar las actividades económicas o satisfacer necesidades. Sin embargo, esta actividad está limitada por la cantidad de dinero que los bancos pueden utilizar para colocar créditos. A nivel internacional, los requerimientos de liquidez son uno de los indicadores que permiten a los bancos mover el dinero de sus depositantes, al mismo tiempo que pueden responder a las peticiones de retiro de dinero de éstos a través de créditos.

En Ecuador, los requerimientos exigidos para el sector bancario por la normativa vigente son excesivos en comparación a los que existen en otros países, lo que pone trabas al otorgamiento de créditos. Los requerimientos de liquidez alcanzan el 16% de los depósitos para los bancos más grandes (incluye un encaje de 5%, fondo de liquidez 5%, títulos del BCE 3%, valores de renta fija sector financiero 2% y renta fija otros emisores 1%). En otros países, el requerimiento principal –y generalmente único– es el encaje bancario y no existe la necesidad de realizar inversiones obligatorias. Los requerimientos existentes en el país significan que, de cada USD 100 recibidos en depósitos, solo se puede prestar USD 84, lo cual limita la intermediación financiera e incrementa su costo.

Competitividad tributaria y menores costos incrementa la oferta crediticia

La carga tributaria del sector bancario es una de las más altas de las actividades productivas. En Ecuador existen aportes específicos del sector bancario, así como tributos y contribuciones elevadas. Por ejemplo, en el año 2020, por cada dólar de utilidad percibido por la banca, el sector pagó USD 2,3 por concepto de impuestos y contribuciones al Estado. En 2019, antes de la pandemia, el aporte ascendió a USD 1,30 por cada dólar de utilidad generado desde la banca privada.

Para bajar las tasas de interés es importante entender la raíz del problema. Las tasas son una consecuencia del entorno económico, normativa bancaria y costos de prestar el dinero. Es importante atraer banca y capitales extranjeros, pero estos solo vendrán si se toman en cuenta estos factores. El hecho de regular tasas por decreto no deriva en más colocación de crédito, al contrario, derivan en la exclusión financiera de las personas de segmentos más vulnerables que podrían producir más para la economía y más para las familias ecuatorianas.

Referencias:

Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (2011). “Basilea III: Marco regulador global para reforzar los bancos y sistemas bancarios. Bank for International Settlements.

Equifax (2021). Impacto del mercado de financiamiento informal en Ecuador.

Acosta A., Spurrier W. (2021). Análisis Semanal: El efecto de reducir tasas “a dedo”.

Remesas representan 3,8% del PIB y llegan principalmente por canales bancarios

Remesas representan 3,8% del PIB y llegan principalmente por canales bancarios

Por: Andrea Villarreal y Nicolás Estrella
Departamento Económico Asobanca

El comportamiento de las remesas en Ecuador alcanzó un desempeño récord. De acuerdo con los datos del Banco Central del Ecuador (BCE), las remesas recibidas entre abril y junio de este 2021 alcanzaron los USD 1.088 millones, cifra superior en 61% comparado con el mismo periodo de 2020. De este flujo, el 50,2% de remesas se canalizaron a través de la banca privada. El crecimiento de remesas se da por la recuperación de las economías avanzadas y en particular, por los estímulos que Estados Unidos entregó en el contexto de la pandemia.

Según diversos estudios, las divisas que envían los inmigrantes desde el exterior a sus países de origen actúan como un mecanismo de financiamiento especialmente para los estratos socio económicos vulnerables al aumentar su nivel de ingresos y permitir a las familias hacer frente a las crisis (Ratha, 2013). Asimismo, las remesas son una herramienta contra cíclica para que las familias enfrenten shocks externos que pueden afectar su bienestar (UNDP, 2011). 

En un contexto de dolarización, el ingreso de estas divisas fortalece el consumo, la liquidez y, por tanto, incide en el desempeño del Producto Interno Bruto. El arribo de divisas no solo facilitó que en el segundo trimestre del año (abril-junio), el consumo de las familias se incremente 10,5% frente al mismo periodo de 2020, sino que, además, en términos anuales (últimos cuatro trimestres consecutivos), la participación de las remesas representó para el país el 3,8% del PIB alcanzando los USD 3.947 millones.

Al analizar las remesas recibidas por continente de origen, en el segundo trimestre del año, América obtuvo el 70,4% de participación dentro del total, seguido de Europa y el resto del mundo con el 29,3% y 0,4%, respectivamente. Dentro de los principales países de origen de las remesas, destaca Estados Unidos que contribuyó con el 63% del total de remesas recibidas, al sumar USD 688 millones. Por su parte, España obtuvo una participación del 21% en el segundo trimestre, al sumar USD 233 millones; e Italia en tercer lugar con el 4,3% de participación.

Según Mundaca (2009), la repercusión de las remesas en el crecimiento económico de los países depende principalmente de la existencia de una importante intermediación financiera. En el caso de Ecuador para junio 2021, el 50,2% de las remesas recibidas fueron canalizadas por la banca privada. Esta mayor participación se apalanca en el incremento del uso de medios de pago electrónicos por parte de los usuarios del sistema financiero. De acuerdo con los datos del BCE para el año 2010, los pagos por medios electrónicos representaban apenas el 46% del PIB nacional. Sin embargo, para el año 2020 estos crecieron 89 puntos porcentuales, alcanzando una participación del 135% del PIB (BCE, 2020). La prominente digitalización e innovación del sistema financiero permite incrementar los servicios financieros de la banca, además de contribuir con la inclusión financiera.

Por otro lado, entre el primer y segundo trimestre de 2021, las remesas recibidas llegaron principalmente a la Sierra ecuatoriana, al sumar USD 654 millones, con un crecimiento anual del 68%. Asimismo, el 37% del total de las remesas que ingresaron al país en este periodo, tuvieron como destino la región Costa, cifra que alcanzó los USD 399 millones, con un crecimiento anual del 49%. A nivel de provincias, Guayas contribuye con el 27,6% (USD 300 millones), seguido por Azuay con el 21,9% (USD 238 millones) y Pichincha con el 16,5% (USD 180 millones). 

Remesas enviadas

Las remesas que son enviadas desde Ecuador hacia el resto del mundo también muestran un desempeño creciente. Al cierre del segundo trimestre de 2021, las remesas enviadas sumaron un total de USD 160 millones, con una variación anual del 69%. Entre los principales países receptores están: Colombia (59%), México (15%) y Perú (9%). Desde la Sierra ecuatoriana se enviaron USD 99 millones (62%), seguida por la región Costa con una cifra cercana a los USD 50 millones (32%) y la Amazonía con un total de USD 10 millones (6%). 

El crecimiento del flujo de las remesas hacia y desde Ecuador está marcado por la recuperación económica del mundo post pandemia. En este sentido, el sistema financiero nacional ha jugado un rol fundamental en la facilitación de transacciones físicas y digitales aún en los momentos de mayor confinamiento. Esto incluye el ingreso y salida de remesas de forma ágil y segura. La banca se ha mostrado resiliente y abierta a una transformación digital que permita proveer una mayor cantidad de servicios para los usuarios, como en el caso de las remesas. Sin embargo, la economía nacional atraviesa una serie de retos económicos para los próximos años que podrían mermar los efectos positivos de las remesas en el incremento de la producción nacional, por lo cual, resulta imperativo la ejecución de planes económicos que permitan aprovechar el ingreso de divisas en el fortalecimiento de la economía nacional y de su sistema financiero.

Bibliografía:

BCE. (2020). Documento Estadístico de los Medios de Pago Electrónicos en Ecuador. Obtenido de Banco Central del Ecuador: https://contenido.bce.fin.ec/documentos/Administracion/snp-estadistica-1.pdf

Mundaca, G. (2009). Remittances, Financial Market Development, and Economic Growth: The Case of Latin America and the Caribbean. Review of Development Economics, 288-303.

Ratha, D. (Septiembre de 2013). The impact of remittances on economic growth and poverty reduction. Obtenido de Migration Policy Institute: https://saxafimedia.com/wp-content/uploads/2019/08/Remittances-PovertyReduction.pdf

UNDP. (2011). The Stability and Countercyclicality of Remittances in the Context of External Economic Shocks . En U. N. Programme, Towards Human Resilience: Sustaining MDG progress in an age of economic uncertainty (págs. 129-136). New York: UNDP.

Las ventas del sector privado apalancan la recuperación

Las ventas del sector privado apalancan la recuperación

Autores: Adriana Santillán y Juan Sebastián Vela. Departamento Económico Asobanca  

La pandemia global del COVID-19 provocó una crisis de salud pública sin precedentes que paralizó a la economía mundial. Sus efectos fueron devastadores no solo en términos de salud, reducciones en el ingreso o desempleo, sino que a nivel empresarial, se generaron disrupciones en la producción de bienes y servicios que afectaron directamente las operaciones y por ende, el nivel de ventas. Estos efectos se percibieron en todos los sectores de la economía ya que es complicado mantener la salud de un solo sector, si el resto de las actividades se encuentran afectadas.

De acuerdo con datos del Servicio de Rentas Internas (SRI), en 2019 el total de ventas y exportaciones del sector privado fue de USD 130.392 millones, mientras que para el año 2020 esta cifra descendió a USD 113.645 millones, lo que significa una disminución anual del -12,8%. Dado que el shock fue generalizado, la mayoría de las actividades económicas sufrieron una disminución en sus ventas en 2020. Tal es el caso de la construcción, sector que tuvo un nivel de ventas 31,5% inferior al de 2019.  Lo mismo ocurre con el comercio, la agricultura, las actividades financieras y de seguros y la enseñanza, las mismas que al 2020, poseen una tasa de variación anual en ventas del -12,4, -5,3%, -5,7% y -17,2%, respectivamente (Gráfico 1).

La caída de las ventas provoca consecuencias negativas en la rentabilidad de las empresas. Al no poder vender se reducen los ingresos y se afecta todo el negocio. La rentabilidad constituye un termómetro de la salud de las empresas. Así, una mayor rentabilidad significa que estas han sabido aprovechar sus recursos de una manera eficiente para generar ganancias, lo que a su vez se traduce en mayor inversión para entregar bienes y servicios y más fuentes de empleo. De tal modo, además de medir el beneficio derivado de la inversión de una empresa, la rentabilidad tiene que ver con la utilidad generada para la sociedad en general, no únicamente en términos económicos, sino que también en bienestar, calidad de vida, entre otros (Rogobete, A. 2021).

Al tomar el indicador de rendimiento sobre el patrimonio (ROE), se compara la rentabilidad entre diferentes empresas o sectores económicos (Medina y Mauricci, 2014). Es decir, mientras mayor sea este indicador, mayor será la capacidad que una empresa posee para generar utilidades con relación a sus recursos.

En el Gráfico 2 se observa la rentabilidad de las principales actividades económicas para el año 2019 y 2020[1]. Las actividades que presentan mayor afectación en el ROE 2020 en comparación con el de 2019 son: actividades profesionales con 25,3 puntos porcentuales (p.p.) de reducción; transporte y almacenamiento con una caída de 14,2 p.p; y banca privada con una reducción de 9,1 p.p.  

En el caso del sistema bancario ecuatoriano, en 2019 alcanzó un ROE de 13,9%, por debajo del promedio de América Latina según los datos de la Federación Latinoamericana de Bancos. Sin embargo, para el año 2020, este indicador fue de 4,8% lo cual evidencia la fuerte afectación tras la crisis sanitaria. Lo mismo sucede en el caso de las cooperativas de ahorro y crédito y las mutualistas, las cuales presenciaron en 2019 un ROE de 8,1% y 5,9%, respectivamente, pero para el 2020 estas cifras fueron de 3,6% y 1,4%. En conjunto, el sector financiero tuvo una afectación importante por la necesidad de hacer mayores provisiones dada la posibilidad de incurrir en mayor cartera vencida por falta de pagos, brindar atención ininterrumpida y asegurar que los canales de transaccionalidad se mantengan operativos y seguros.

En la época previa a la pandemia, las industrias en Ecuador con los mayores niveles de rentabilidad fueron: transporte y almacenamiento (ROE del 36,2%); actividades profesionales (ROE del 31,6%); y explotación de minas y canteras (ROE del 17,3%), según los datos reportados por las empresas a la Superintendencia de Compañías. Mientras que para el cierre del 2020, estas actividades fueron: transporte y almacenamiento; enseñanza; y explotación de minas y canteras, con un ROE de 22,0%, 12,8%, y 11,5%, respectivamente. Esto significa, por ejemplo, en 2019, por cada dólar de capital o patrimonio que una empresa de transporte o almacenamiento invirtió, ganó 0,36 centavos de utilidad.

La caída en las ventas y por tanto, el golpe ocasionado en la rentabilidad de los distintos sectores económicos, limitan la capacidad de generación de aportes al Estado mediante impuestos. Según el SRI, en 2020 la recaudación tributaria efectiva fue de USD 11.748 millones, mientras que en el año 2019, esta cifra fue de USD 13.480 millones, lo que representa una disminución del 12,9%, corroborando la desaceleración económica.

En el Gráfico 3 se observa la participación de las diferentes actividades económicas en la recaudación tributaria total. La actividad que más contribuye a la recaudación de impuestos es el comercio al por mayor y menor (30%), seguida de las actividades financieras y de seguros (18%) y la explotación de minas y canteras (5%).

Al realizar un análisis más minucioso de las actividades financieras y de seguros (mismas que representan el 18% de la recaudación total a diciembre de 2020), se observa que, de estas, el sistema bancario, cooperativo y de mutualistas, representan el 87% de la recaudación total a diciembre de 2020 (Gráfico 4).

Asimismo, la recaudación del impuesto a la renta presenció una caída. En 2019, esta cifra sumó USD 4.769 millones, mientras que en 2020 descendió a USD 4.406 millones, con un decrecimiento del 7,6%. En el Gráfico 5, se plasma lo recaudado en impuesto a la renta en relación con la utilidad neta obtenida de las principales actividades económicas.

Las actividades que más contribuyeron en la recaudación del impuesto a la renta con respecto a su utilidad neta en 2019 fueron mutualistas; cooperativas; comercio y construcción. Mientras que, para el año 2020, estas actividades fueron mutualistas; enseñanza; cooperativas y bancos privados.

La magnitud desproporcionada de la pandemia afectó a todas las actividades económicas del Ecuador, dejando secuelas en sus operaciones, niveles de ventas y, por ende, la rentabilidad y su posibilidad de aportar con mayores impuestos. La recuperación económica depende en gran medida de la capacidad de las empresas de volver a generar ventas y una adecuada rentabilidad, lo cual no solo es bueno para la salud de los negocios, sino para toda la economía en su conjunto ya que esto se traduce en más empleos, mayor consumo, más aportes mediante impuestos y finalmente, dinamización económica que encaminará al país a la recuperación sostenida. Resulta imprescindible entonces, reconocer la importancia de todas las actividades que conforman la economía ecuatoriana, pues así, los resultados positivos de cada una de estas generarán bienestar a la sociedad en general. 

Referencias:

Servicio de Rentas Internas (2021). Consulta en Saikua 7 de octubre de 2021

Federación Latinoamericana de Bancos (2020)

Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros (2021), Consulta de balances de compañías 5 de octubre de 2021

 Superintendencia de Bancos (2021)

Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (2021)

Medina, C., & Mauricci, G. (2014). Factores que influyen en la rentabilidad por línea de negocio en la clínica Sanchez Ferrer en el periodo 2009-2013. Universidad Privada Antenor Orrego. Retrieved from http://repositorio.upao.edu.pe/bitstream/upaorep/325/1/MEDINA_CARLOS_FACTORES_RENTABILIDAD_NEGOCIO.pdf

Rogobete, A. (2021). Ethical business is good for society and for profit. Recuperado de: https://theceme.org/andrei-rogobete-ethical-business-is-good-for-society-and-for-profit/


[1] El ROE se calcula como la utilidad neta sobre el patrimonio para las empresas reportadas a SUPERCIAS así como para las entidades financieras. Cálculo: autores.

La digitalización y la inclusión financiera

La digitalización y la inclusión financiera

Por: Marco Antonio Rodríguez, vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador

Es casi seguro que, alguna vez en nuestra vida, hayamos dicho o escuchado esta frase o alguna similar: “¡Qué cantidad de papeles me ha pedido el banco para darme el crédito! ¡Solo me faltó llevar la fe de bautismo de mi garante!”. Y sí, la cantidad de documentación que en ocasiones debemos presentar a las instituciones bancarias en el proceso de solicitar un crédito o abrir una cuenta puede llegar a ser agobiante.

Las instituciones bancarias quisieran que ello no fuera así. No tendría sentido alguno que todas las mañanas nuestro ejecutivo de cuenta se dé a la tarea de pensar cómo hace más complicada nuestra relación con el Banco o cómo logra desanimarnos en la tarea de obtener un crédito para financiar nuestra casa, negocio o simplemente aquel viaje que hemos venido planificando.

La Banca en el Ecuador es el único –sí, el único– sector que reporta balances diariamente a su organismo de control, el único que publica periódicamente tales balances y estados financieros, que publica la calificación de riesgo que terceros independientes –llamados auditoras– le otorgan. Reporta diariamente estructuras de información a la Unidad de Análisis Financiero, al Servicio de Rentas Internas, al Banco Central del Ecuador, entrega información de cada uno de los clientes del sistema financiero a su organismo de control, tan pronto empieza su relación con el banco hasta cuando esa relación termina. La banca genera más de 50 estructuras de información de manera mensual, sin contar con la información que, de manera eventual o con mayor periodicidad, debe entregar a la propia Superintendencia, a la Función Judicial, UAFE, SRI u otras entidades con competencia para requerir información. Y esto, en concepto, no está mal: el sector bancario es y debe ser regulado.

El cumplimiento de la gran cantidad de datos que genera la Banca requiere del acopio de la información a través de los clientes. Por ejemplo, ¿por qué le piden la copia de su cédula de identidad? Porque así lo ordena el anexo de la Resolución SB-2020-0550. Otro ejemplo: ¿por qué le piden una y más veces su rol de pagos o declaración de impuestos y copia de estos documentos? Porque así lo ordena el artículo 7, de la sección III, del capítulo I, del capítulo II, del libro I de la Codificación de normas de la Superintendencia de Bancos. Ambos documentos, señalados a manera de ejemplo, no son una idea del ejecutivo de cuenta: son requerimientos normativos que solo se cumplen agregándolos en copia en la carpeta del cliente. Estos serán evaluados, en el momento menos esperado, por un auditor del organismo de control.

En general, podemos dedicar la revista entera a detallar, documento por documento, la razón por la cual es solicitado en los procesos de apertura de una cuenta o en el otorgamiento de un crédito. El punto es que ningún documento o procedimiento en el sector bancario es implementado arbitrariamente por la institución. Regularmente responde a requerimientos expresos normativos, a la necesidad de efectuar un proceso de debida diligencia o para respaldar la información que verbalmente ha sido otorgada por un cliente.

No contar con los documentos de respaldo genera lo que técnicamente se conoce como riesgo operativo y específicamente, en ocasiones, riesgo legal, y la inadecuada gestión de estos riesgos puede devenir en multas o sanciones más graves. De allí que existan procedimientos que deben cumplirse forzosamente para mitigarlos.

¿Lo anteriormente dicho implica que la Banca está destinada a complicar la existencia de toda persona que requiere un crédito o simplemente abrir una cuenta? No. Y de hecho, el sector bancario viene trabajando arduamente para facilitar la vida de sus clientes a través de procesos de digitalización e innovación de sus procedimientos. Sin embargo, la normativa no ha cambiado y, aún más, la cultura tan arraigada del afecto hacia el papel o la documentación física aletarga cualquier esfuerzo de digitalización. Al punto que en el sector bancario, cosas tan pequeñas como validar la identidad de una persona mediante el acceso a las bases de datos públicas o contrastar los ingresos de una persona con esas mismas bases, ya sería un avance sustancial, un pequeño pero gran paso.

La pandemia fue un desafío para todos los sectores de la economía. Según datos del Banco Central del Ecuador, en el documento Evolución de los medios de pago del Ecuador en el contexto de pandemia COVID-19 se dice que, en los primeros meses de la pandemia, el uso de transferencias electrónicas por el Sistema de Pagos Interbancario (SPI) se redujo hasta su punto más bajo en abril con 2,5 millones de transferencias (18% respecto a abril 2019). Posteriormente, desde mayo 2020 se produjo un mayor uso del SPI por parte de los clientes del sector financiero privado, incrementando en un 35% el número de trasferencias electrónicas desde mayo a septiembre 2020, lo que representó un incremento de 28% respecto al 2019 durante el mismo periodo.

La vocación del sistema financiero privado de acercar más los servicios bancarios a sus clientes se evidencia también en las cifras que muestra la Asociación de Bancos Privados en su Boletín de Servicios Financieros, publicado en julio de 2021, con datos a abril de 2021. Éste señala:

  • El número de tarjetas de débito fue de 8,7 millones, con aumento anual de 9,5% (757 000 tarjetas). Del total de tarjetas de débito, se registraron 6,4 millones de transacciones lo que representó un crecimiento anual de 132,8%, es decir, 3,7 millones de transacciones adicionales.
  • El número de Corresponsales No Bancarios fue de 35 974, un aumento anual de 27,0%, es decir 7653 corresponsales no bancarios adicionales, mientras que, en el mismo periodo, tanto los cajeros automáticos como las oficinas registraron 4711 y 1459 unidades funcionales respectivamente a nivel nacional, con una variación anual de 3,4% en cajeros automáticos y -2,1% en oficinas.
  • Del total de transacciones con tarjeta de crédito 13,9% fueron transacciones por internet, alcanzando 2,14 millones, lo que resulta en un crecimiento mensual de 22,2%.

Todas estas cifras se alcanzaron a pesar de que, como antes se señaló, la normativa local no ha venido acompañando al proceso sostenido de innovación del sector bancario.

El Ecuador es un país con importantes retos en materia de inclusión financiera. De allí que las reformas normativas que faciliten el acceso a servicios financieros son una tarea urgente, impostergable, especialmente el acceso a créditos formales que permitan sacar a las personas de la usura en donde, según recientes datos de la empresa Equifax, llegan a pagar hasta 1300% anual de tasa de interés.

¿Qué podría implementarse de manera rápida para aligerar los procesos de acceso a servicios financieros y disminuir en algo la pesada tramitología que supone acceder a un crédito? Sugiero tres acciones que pudieran abordarse de manera inmediata:

  1. Hacer efectiva una política pública de open data. Es urgente que la información que hoy reposa en bases de datos como el Servicio de Rentas Internas, Registro Civil, Registros de la Propiedad y Mercantiles, se ponga a disposición de los agentes económicos formales, obviamente respetando y cumpliendo las disposiciones de protección de datos personales. Es inaudito que estos datos no puedan ser usados para la rápida y segura evaluación del riesgo de crédito de una persona y se continúe obligando a contar con copias de documentos físicos.
  2. Permitir el acceso y uso de datos alternativos a la información de riesgo crediticio. Si una persona nunca ha estado bancarizada, en consecuencia, no ha tenido un crédito ni siquiera en el sector comercial, ¿cómo se pretende que pueda ser evaluada y tener acceso a créditos en el sector financiero con mecanismos tradicionales? Si no se permite el uso de datos alternativos como, por ejemplo, el historial de pago de servicios públicos, de pensiones educativas, en general, de actos que revelen el carácter de pago y cumplimiento de obligaciones de una persona, sencillamente nunca podrá incluirse a ésta en el sistema financiero, menos con políticas poco técnicas para la asignación del riesgo en la tasa de interés como ocurre actualmente.
  3. Eliminar los arbitrajes regulatorios. Sobre este tema, la Federación Latinoamericana de Bancos señala: “Un análisis sobre el arbitraje regulatorio hecho por la Facultad de Leyes de la Universidad de Oxford muestra que el arbitraje regulatorio resulta ser más nocivo aun en un ambiente de integración financiera y económica. Los agentes económicos buscaran entonces ubicarse en aquella jurisdicción donde los negocios son tratados con más laxitud o simplemente no son supervisados. Esto puede dar origen a burbujas especulativas, entidades que acumulan riesgos financieros sin la debida mitigación y administración”. Si en realidad se quiere fortalecer y dar seguridad a procesos de mayor digitalización e innovación, este tema debe abordarse de manera prioritaria.

Si queremos resultados diferentes a los que hemos venido obteniendo en bancarización y acceso a servicios financieros, debemos emprender acciones diferentes a las que hemos venido aplicando. Las herramientas tecnológicas están allí, la voluntad del sistema financiero de usar esas herramientas también. ¿Qué hace falta? Entre otras cosas, reformas normativas que acompañen a la innovación en el sector bancario y no que la entorpezcan. La implementación de la cultura del consumer centricity en el desarrollo normativo es una tarea pendiente y quizá nunca discutida.

Artículo publicado en revista Perspectiva: https://perspectiva.ide.edu.ec/investiga/2021/10/19/la-digitalizacion-y-la-inclusion-financiera/#respond

Inclusión financiera: ¿Cuál es el rol de las tasas de interés?

Inclusión financiera: ¿Cuál es el rol de las tasas de interés?

Los techos a las tasas de interés han generado exclusión financiera, sobre todo para personas de escasos recursos y PYMES

Por Andrea Villarreal, directora del Departamento Económico en la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (ASOBANCA)

En medio de la pandemia, una respuesta fácil, popular, pero poco efectiva para fortalecer el crédito y la inclusión financiera, ha sido imponer restricciones a las tasas de interés. Esto ha traído resultados inversos que generan exclusión financiera, limitan el otorgamiento de créditos y tienen un efecto nocivo en la activación de la economía.

El Banco Mundial (2020) en su estudio Tasa de interés: Represión alrededor del mundo analiza la existencia de controles a las tasas interés basado en una encuesta realizada a 108 países. Los hallazgos muestran que el 58% de países tienen restricciones a las tasas de interés. Estas medidas se vuelven más populares en un contexto de crisis. Por ejemplo, desde la crisis financiera global de 2008, al menos 30 economías emergentes han impuesto límites a las tasas de interés o han endurecido las existentes (Ferrari et al. 2018). El estudio señala que la crisis de 2008 y la pandemia han desencadenado decisiones gubernamentales y debates relacionados a  mayores límites a las tasas de interés  y advierte que el riesgo es que, una vez que se implementan, es probable que se vuelvan permanentes.

En el caso de la pandemia, un mes después de su inicio, países como Argentina, China, Sri Lanka y Vietman impusieron restricciones en materia de tasas de interés. A este listado se suma Perú, el cual a finales de 2020, por primera vez, aprobó un mecanismo de restricción a las tasas de interés activas al colocar techos. La implementación de esta política fue parte de un amplio debate donde, pese a las advertencias de sus efectos nocivos, decantó en su aprobación por parte del Congreso peruano.

No resulta extraño que el Banco Central de Reserva de   Perú (2021) en su primer comunicado relacionado a las topes de las tasas de interés, haya alertado sobre los efectos dañinos en la inclusión financiera: “se estima que podrían quedar excluidos alrededor de la cuarta parte de créditos (21,5% en créditos de consumo y 3,2% en créditos MYPE como porcentaje del total de cartera consumo y MYPE), en su mayoría otorgados por las entidades financieras especializadas en créditos de consumo y microfinanzas…”

La justificación de quienes promueven estas medidas es que los límites a las tasas de interés ayudan a dinamizar el crédito, regulan el mercado y mejoran la inclusión financiera. Nada más alejado de la realidad. La evidencia internacional muestra que la imposición de límites a las tasas de interés ha generado efectos adversos para la inclusión financiera al restringir el acceso al crédito, sobre todo para las personas de escasos recursos y para las pequeñas y medianas empresas. Además, ahondan brechas de acceso y cobertura y desincentivan la transparencia. Este es el caso de Chile, que al tercer año de aplicación de esta medida la Superintendencia de Bancos (BCN, 2020) estimó que entre 151 000 y 227 000 clientes habrían dejado de tener acceso al crédito formal. En esta línea, Madeira (2019) encontró que la reducción en la tasa de interés máxima legal en Chile restringió el número de deudores con nuevos créditos en 9,7% a fines de 2015, lo cual equivale a unos 197 000 potenciales clientes. Para el caso de Japón, Maimbo y Henríquez (2014) citado en BCR (2021), encontraron que los controles a las tasas de interés restringen el acceso al crédito formal e incrementa los créditos informales.

Aunado a esto, el uso de límites a las tasas de interés como instrumento de política pública puede generar desigualdad y asimetrías, en la medida que excluye del sistema financiero principalmente a los clientes de las entidades financieras de menor tamaño, las cuales usualmente concentran sus esfuerzos en el microcrédito.

Tasas de interés en Ecuador

Desde 2007 Ecuador cuenta con techos a las tasas de interés activas. Estos se consideran restrictivos ya que no responden a una metodología técnica definida, son estáticos y no fluctúan conforme el ciclo económico. El Banco Central del Ecuador tiene hasta finales de agosto para presentar una metodología para la política de techos a las tasas de interés. El hecho de contar con la posibilidad de tener una metodología clara es, sin duda, un gran avance en materia de transparencia. En esta línea, es importante destacar que el Banco Mundial (2020) recomienda a los países considerar en la gestión de tasas de interés dos principios fundamentales. En primer lugar, la transparencia, para asegurar que los techos sean conocidos y comprendidos por los participantes del mercado y, por otro lado, también la flexibilidad, para asegurar que los cambios en los aspectos económicos y estructurales se transmitan a cambios en las tasas de interés.

En medio de la peor crisis que ha enfrentado la economía ecuatoriana, es normal querer que las tasas de interés bajen. La pregunta es cómo lograrlo para no causar efectos distorsionadores en los niveles de crédito, inclusión financiera o aumento de riesgos.

Esto permitirá mejorar el entorno económico, fortalecer la competitividad, atraer inversión extranjera directa, tener reglas del juego claras y caminar a estándares normativos internacionales en materia financiera. Hoy en día ya se evidencia una mejora en las expectativas económicas ligadas a un acelarado plan de vacunación, disminución del riesgo país y políticas amigables con la promoción de la competitividad y atracción de inversiones. Esto, sumado a la reactivación económica paulatina y reapertura de actividades, ha permitido que los niveles de crédito y depósitos se fortalezcan, los servicios financieros se profundicen, la demanda de crédito mejore y las tasas de interés se reduzcan por las condiciones del mercado según los últimos datos del BCE.

La discusión de las tasas de interés en Ecuador debería abordar el problema principal: la exclusión del 49% de la población mayor a 15 años de un sistema financiero formal, seguro y con reglas claras (Global Findex, 2017). Este porcentaje de la población asciende a 5,8 millones de ciudadanos que, en Ecuador, no tienen acceso al sistema financiero y, por ende, están expuestos al mercado informal, sujetos a tasas de interés que superan el 1000% anual. Además, estar excluído implica no poder utilizar productos y servicios financieros, no generar un historial crediticio para acceder al ahorro y crédito, así como no realizar transacciones mediante el uso de canales digitales. Finalmente, la población excluida utiliza dinero en efectivo, lo cual es más riesgoso y enfrenta costos de transacción elevados relacionados con tiempo, movilización, entre otros.

Las políticas que se planteen en esta materia deben ser integrales: por un lado, promover el acceso a crédito, incluir a aquellos que por sus niveles de riesgo no pueden acceder a un sistema de tasas que impone techos y, finalmente, obedecer a parámetros técnicos que no distorsionen el mercado crediticio.

Debido a los efectos de los techos de tasas de interés, es necesario fomentar un entorno que permita que las tasas de interés se reduzcan por medio de medidas que generen más competencia en el mercado de crédito. En tal sentido, además de fortalecer el entorno económico, la estabilidad y caminar hacia estándares normativos internacionales, algunas medidas que podrían apoyar esto se pueden ver en tabla 2 en versión descargable.

En definitiva, una política integral orientada a mejorar la técnica con la que se construyen las tasas de interés debe considerar la evidencia empírica y también la experiencia que ya hemos tenido en el país con la aplicación de los límites existentes. Además de pensar en los usuarios del sistema financiero, proteger sus ahorros de potenciales riesgos y fomentar una cultura inclusiva y responsable con la población hasta hoy excluida de nuestro sistema financiero.

Referencias: