Los bonos sociales, una barca para sortear la tormenta que provocó el COVID-19 en la economía

El 2020 fue un año tormentoso para casi todas las economías del mundo. La pandemia, la poco o nada planeadas reacciones de los Gobiernos, las UCI saturadas y las medidas de confinamiento que mermaron el consumo, entre otros problemas, pusieron nerviosos a los mercados financieros y a los inversionistas.

Evolución de la emisión de bonos temáticos

Fuente:Sustainable Bonds Insights 2021

Pero en medio de ese coctel de preocupaciones, hubo un participante bursátil que soportó la tormenta, se mantuvo a flote y se hizo más fuerte: el bono social.

El mercado mundial de deuda sostenible, que agrupa bonos verdes, bonos sociales y bonos sustentables (conocidos también como bonos temáticos), creció un 29% en 2020; esto es, una cifra récord de casi 700.000 millones, informó la agencia especializada Bloomberg. Este incremento fue impulsado principalmente por una mayor emisión de bonos sociales.

Aunque los bonos sociales todavía son menores en monto si se comparan con los bonos verdes que se emiten en los mercados, los sociales fueron los instrumentos más atractivos y los que más crecieron en el 2020, debido a que la pandemia de COVID-19 generó una mayor demanda de financiamiento para proyectos de ayuda social y para financiar gasto orientado a la atención a sectores vulnerables alrededor del mundo.

De acuerdo con el portal del BID Invest, los bonos temáticos son instrumentos bursátiles muy similares a sus parientes más comunes: son instrumentos de deuda tradicional, de perfil crediticio similar, pero los recursos se usan para proyectos que cumplan con alguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Los bonos verdes se utilizan para objetivos ambientales, los bonos sociales se dedican a proyectos destinados a mejorar el bienestar social, y los bonos de sostenibilidad combinan objetivos sociales y ambientales, explica el portal del BID Invest.

En el 2021 el panorama sigue siendo positivo y genera buenas expectativas para estos instrumentos, auguran los expertos.

Según Matt Kuchtyak, vicepresidente asistente de bonos verdes y sostenibles en Moody’s Investors Service, se espera que solo la emisión de bonos sociales alcance un nuevo récord en 2021 con respecto a 2020. El año pasado, las emisiones fueron de alrededor de USD 141.000 millones.

Moody’s proyecta que alrededor de USD 150.000 millones de bonos sociales se podrían emitir en 2021. Si se toma en cuenta que en 2019 -antes de la pandemia- la emisión de bonos sociales llegó solo USD 17.000 millones, esto significaría que los bonos sociales podrían crecer ocho veces este año.

“Gracias a estos bonos diversas industrias y sectores podrían emprender proyectos concretos con el fin de mitigar los problemas sociales relacionados con el coronavirus y lograr resultados sociales positivos, especialmente para las poblaciones destinatarias pertinentes, que en este caso pueden incluir también a los miembros de la población general afectados por la crisis”, explica Alberto Vilariño, especialista en Responsabilidad Social Corporativa, en el portal Compromiso Empresarial.

¿Pero quienes aprovecharon más este instrumento? La lupa se posa en Europa, específicamente, en Francia. Según el reporte Sustainable Bonds Insights 2021, en el país galo se registró la mayor emisión de bonos sociales en 2020. Además, fue el segundo país, luego de EE.UU., con la mayor emisión de bonos verdes.

Bloomberg destaca que los mayores emisores de bonos sociales el año pasado en Europa aprovecharon estos instrumentos para proyectos destinados a proporcionar fondos para programas de apoyo al empleo. Por ejemplo, el organismo francés de gestión del seguro de desempleo, Unédic Asseo, recaudó 4.000 millones de euros en mayo pasado para financiar su respuesta al Covid-19, fue el bono social más grande de la historia, señala el reporte.

¿Y América Latina? Según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), las economías de América Latina cayeron 7% en el 2020 y su recuperación será leve en el 2021, con un crecimiento de 4,6%. En el caso de Ecuador, será la economía con el crecimiento más bajo (2,5%), solo detrás de Venezuela. Es claro que la región necesitará financiamiento en buenas condiciones para amortiguar los efectos de la pandemia en el ámbito social.

Y eso ya se ha debatido desde hace meses. En enero pasado, durante el Foro de Davos, altos representantes de organismos internacionales, entre ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), alertaron que la pandemia de coronavirus ha elevado como nunca las desigualdades en América Latina e instaron a aprovechar los recursos para fortalecer la región y no sumar otra «década perdida», reportó la agencia EFE.

En ese foro, Alejandro Werner, representante del FMI para el hemisferio occidental, dijo que la región latinoamericana va a necesitar invertir de manera importante en infraestructura verde y en fortalecer la red de seguridad social y la educación. Esta es una oportunidad para que más empresas y gobiernos miren hacia los bonos sociales y verdes en la región.

En Ecuador, Banco Pichincha fue pionero en la emisión de un bono verde por USD 150 en 2019. Y más tarde, el Gobierno ecuatoriano también incursionó en la emisión del primer bono social soberano en enero de 2020, antes de la pandemia, para la construcción de vivienda, con una garantía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

María Netto, especialista principal de la división de Conectividad, Mercados y Finanzas (CMF) del BID, señala en el reporte Sustainable Bonds Insights 2021, que hay tres desafíos prioritarios que debe enfrentar la región para navegar de mejor manera en esta ‘barca’ que son los bonos temáticos.

El primero es aumentar la transparencia de la información y desarrollar y armonizar las taxonomías o clasificaciones de estos instrumentos.

Un segundo desafío es promover el buen funcionamiento de los propios mercados financieros y ayudar a los emisores a adoptar formas transparentes de presentar la información relevante.

Una tercera tarea es ayudar a los actores del mercado a comprender la creciente importancia de las calificaciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en inglés). “Hemos experimentado algunas ocasiones en las que los emisores no eran plenamente conscientes de la importancia de las calificaciones ESG reales y precisas. Hemos tenido que convencer a los clientes de que es beneficioso estar atentos a estas revisiones y asegurarnos de que la información disponible para las agencias de calificación ESG sea completa y esté actualizada”, cuenta Netto.

En la región, los países que están más adelante en el uso de estos instrumentos son el gigante Brasil y Chile.

Categorías: Análisis Económico y Legal
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