La salud del sistema financiero, clave para la recuperación

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La salud del sistema financiero, clave para la recuperación

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El camino de la recuperación incluye la certeza de que, para volver a la normalidad, se requiere una amplia disponibilidad de vacunas. Pero además de esto, existe otro elemento históricamente fundamental: la salud del sistema financiero.

El 2021 arranca con la expectativa de volver a la normalidad, de que los negocios recuperen sus niveles de ventas, y que la aplicación de las vacunas pare de golpe la enfermedad que ha puesto de rodillas al mundo. Sin embargo, la realidad es que la recuperación será lenta, al menos para la economía. Y para quienes queremos una verdadera reactivación y no buenos deseos, sabemos que no hay recuperación sin un sistema financiero sano.

Según la CEPAL (2020), para recuperar los niveles de actividad económica previos a la pandemia, América Latina tendrá que esperar, al menos, hasta 2024. El camino de la recuperación incluye la certeza de que para volver a la normalidad se requiere una amplia disponibilidad de vacunas, lo cual, paradójicamente, resulta todavía incierto. Pero más allá de obtener la vacuna –algo en lo cual los gobiernos están trabajando–, existe otro elemento que históricamente ha sido un instrumento fundamental para las economías en su reactivación: la salud del sistema financiero.

Si miramos crisis pasadas, lecciones aprendidas y sus procesos de recuperación, vale la pena citar a Ben Bernanke cuando mencionó que “la lección de la historia es que no se consigue una recuperación económica sostenida mientras el sistema financiero esté en crisis”. No existe una fórmula mágica para que los países puedan retomar la senda del crecimiento, pero hay un elemento común y clave poscrisis: las economías requieren de un sector financiero saludable, sólido y que goce de la confianza de sus clientes para poder acompañar la reactivación.

A lo largo de la historia, las crisis globales han involucrado generalmente al sector financiero como parte de ellas o como su principal desencadenante. Y esto es porque sin una herramienta multiplicadora tan potente como la banca, la locomotora se para. Esta vez es diferente. Los sistemas financieros del mundo han sido sometidos a una de las pruebas más potentes, una pandemia ante la cual los bancos tuvieron que garantizar atención ininterrumpida, una migración inmediata y segura a canales digitales, además de brindar apoyos financieros históricos a sus clientes a través de reprogramaciones de pagos, diferimientos y alivios para que, durante el confinamiento, los hogares y empresas pudieran priorizar su liquidez.

En América Latina, los gobiernos con una posición fiscal estable pudieron brindar alivios a sus habitantes y también apoyar al sistema financiero a través de la reducción de encaje y requerimientos de liquidez, de la tasa de interés de política monetaria (lo cual no es posible en economías dolarizadas), compra de valores por parte del Banco Central, creación de programas de garantía para otorgar créditos en condiciones preferenciales con subsidio, entre otras medidas. Sin embargo, en Ecuador el déficit fiscal ya venía deteriorándose, lo cual limitó el espacio para políticas financieras de contención ante la pandemia por parte del gobierno. Los alivios financieros se apalancaron 100% en la salud de los bancos y estos respondieron adecuadamente.

Los alivios financieros otorgados por la banca privada ecuatoriana fueron de 10 000 millones de dólares, es decir, el 36% de la cartera de crédito total, lo cual ubica a Ecuador entre los países con alivios financieros más altos de la región, por encima de Perú, Chile, Brasil, México, entre otros (ver Gráfico 1 en versión descargable). En cuanto a la confianza, al inicio de la pandemia los depositantes se refugiaron en sus ahorros lo cual provocó una disminución mensual de 935 millones de dólares en depósitos. La banca respondió ágilmente a estos requerimientos y en los meses posteriores fortaleció sus indicadores de liquidez y solvencia que cerraron el 2020 en 34% y 14% respectivamente, permitiendo a las familias certidumbre en tiempos de incertidumbre.

La confianza es un elemento clave en la principal función del banco, la intermediación financiera, y en un año de crisis se puso a prueba y se ratificó a través del aumento de los depósitos que, al cierre de 2020, se ubicaron en 37 525 millones de dólares (11,4% más que al cierre de 2019). Además, del total de estos, el 36% corresponden a captaciones a plazo. Por el lado del crédito, en un año tan complejo fue indispensable apoyar la recuperación apostando por el sector productivo. Desde la banca, esta apuesta se fortaleció en 2020 al colocar alrededor de 23 500 millones de dólares en nuevos créditos, de los cuales el 73% se destinó a los sectores productivos.

En el camino hacia la reactivación, una de las formas de precautelar la salud del sistema financiero es tratar de inmunizarlo ante la crisis. Fortalecerlo como herramienta para la recuperación. Las entidades bancarias han sufrido los embates de la pandemia y en 2021 seguirán afrontando sus secuelas. La dificultad por recuperar créditos conlleva la necesidad de reconocer nuevas pérdidas lo cual requiere nuevas provisiones. A diciembre de 2020, el gasto de provisiones de la banca creció anualmente en 68%. Más provisiones en un ambiente de incertidumbre son una clara señal de entidades financieras técnicas y responsables, pero también reducen la rentabilidad.

A nivel regional, los sistemas bancarios tuvieron una disminución considerable de sus niveles de rentabilidad sobre el patrimonio. A junio de 2020, la caída anual promedio de la rentabilidad fue de 5,1 puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2019. En Ecuador, este indicador se ubicó entre los tres puestos más bajos de la región, seguido por Costa Rica y Venezuela. Al cierre de 2020, este indicador decreció a 4,8% (ver Gráfico 2 en versión descargable).

Finalmente, volver a la normalidad en algunas economías contará con un elemento adicional: la incertidumbre electoral, como en los casos de Perú, Ecuador, Chile, Honduras y Nicaragua, que tendrán elecciones presidenciales en 2021, donde la competencia política podría derivar en el surgimiento de líderes que atenten contra las bases fundamentales de los sistemas financieros saludables y una política monetaria técnica. Un estudio reciente del Banco Mundial advierte que políticas de represión financieras como imposiciones a las tasas de interés podrían surgir a raíz de la pandemia y convertirse en permanentes (Calice, Díaz y Masetti, 2020). Este tipo de medidas podría desembocar en distorsiones ampliamente estudiadas en la literatura como son la exclusión financiera, menor colocación, aumento de informalidad, entre otros.

Lo cierto es que la reactivación requiere que el manejo, regulación y supervisión de entidades financieras se mantenga en el espectro técnico y apegada a estándares internacionales. Y, aunque la demagogia no se mantendrá alejada de los viejos soliloquios contra la banca, ante cualquier escenario político y partido en el poder, proteger al sistema financiero debería ser una decisión sine qua non para el camino hacia la recuperación.

Referencias:

CEPAL. (2020). Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe. NU. CEPAL Diciembre 2020. 9789211220568.LC/PUB.2020/17-P 162 p.

Pietro Calice, Federico Diaz Kalan, and Oliver Masetti. 2020. “Interest Rate Repression Around the World” EFI Insight-Finance. Washington, DC: World Bank.

*Artículo publicado en Revista Perspectivas 

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